Si tan sólo pudiéramos ver la costa, Extracto de 50 Días del Cielo (If We Can Just See the Shore, Excerpt from 50 Days of Heaven)

Alégrense de que sus nombres están escritos en el cielo. —Lucas 10:20

Nos conviene pasar nuestra vida como un viaje hacia el cielo. . . . ¿Por qué deberíamos trabajar o dedicarnos a ninguna otra cosa, sino a lo que es nuestro fi n apropiado y nos traerá felicidad verdadera? 1 —Jonathan Edwards

La vida en este mundo, la forma en que es ahora y la forma en que nosotros somos ahora, no es fácil, ¿no es verdad?

Tal vez usted lleva cargas, se siente desanimado, deprimido o aun traumatizado. Tal vez ha perdido a un ser querido. O es posible que sus sueños —su familia, su carrera, o las ambiciones de toda su vida— se hayan hecho trizas. Tal vez se ha vuelto cínico o ha perdido toda esperanza. Todo eso puede cambiar con una comprensión bíblica de la verdad acerca del Cielo.

Los optimistas seculares son simplemente personas que se hacen ilusiones. Han descubierto las ventajas actuales del optimismo, y llevan a cabo seminarios y escriben libros sobre pensar en forma positiva. Algunas veces capitalizan el optimismo al hacerse ricos y famosos. Pero entonces ¿qué es lo que sucede? Finalmente envejecen o se enferman, y cuando mueren, no están preparados para encontrarse con Dios. Su optimismo es fi nalmente una ilusión, porque falla en cuanto a tomar en cuenta la eternidad.

El único fundamento apropiado para el optimismo es la obra redentora de Jesucristo. Si edifi camos nuestra vida sobre este fundamento sólido, todos deberíamos ser optimistas. ¿Por qué? Porque aun nuestras experiencias más dolorosas en la vida no son sino contratiempos temporales. Tal vez nuestro dolor y sufrimiento no sean aliviados en esta vida, pero con toda certeza serán aliviados en la vida venidera. Esa es la promesa de Cristo —que no habrá dolor o muerte, que él enjugará todas nuestras lágrimas. Él tomó todo nuestro sufrimiento sobre sí mismo para que un día pueda quitar todo el sufrimiento del mundo. Ese es el fundamento bíblico de nuestro optimismo. Cualquier otro fundamento es como la arena, no como la roca. No soportará el peso de nuestra eternidad.

Ningún creyente debería ser pesimista. Deberíamos ser realistas, con nuestro enfoque en la realidad de que servimos a un Dios soberano y que imparte gracia. Debido a la realidad del sacrificio expiatorio de Cristo y a sus promesas, el realismo bíblico es optimismo.

Cuando meditamos en el Cielo y aprendemos a esperarlo con anticipación, no eliminamos nuestro dolor, pero podemos aliviarlo y ponerlo en perspectiva. Recordamos que el sufrimiento y la muerte son sólo condiciones temporales.

Jesús vino para librarnos del temor a la muerte, porque “él también compartió esa naturaleza humana para anular, mediante la muerte, al que tiene el dominio de la muerte —es decir, al diablo—, y librar a todos los que por temor a la muerte estaban sometidos a esclavitud durante toda la vida” (Hebreos 2:14-15).

A la luz de la futura resurrección de los muertos, el apóstol Pablo pregunta: “¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón?” (1 Corintios 15:55).

No deberíamos idealizar la muerte. Pero los que conocen a Jesús se deberían dar cuenta de que la muerte es una puerta hacia un gozo que no tiene fin.

Comprender lo que enseña la Biblia hacerca del Cielo cambiará de lugar nuestro centro de gravedad y alterará en forma radical nuestra perspectiva de la vida. Nos dará esperanza, una palabra que el apóstol Pablo usa seis veces en Romanos 8:20-25, donde explica que toda la creación espera nuestra resurrección y la futura redención del mundo.

No ponga su esperanza en las circunstancias favorables de la vida porque no pueden durar y no durarán. En cambio, ponga su esperanza en Jesucristo y en sus promesas. Un día él volverá, y aquellos que han colocado su fe en él serán resucitados a la vida en la Nueva Tierra. Contemplarán el rostro de Dios y lo servirán para siempre.

En 1952, Florence Chadwick entró a las aguas del Océano Pacífi co en la isla Catalina, California, determinada a nadar hasta llegar a la costa del continente. Era una nadadora con mucha experiencia, y había sido la primera mujer que nadó el Canal de la Mancha en las dos direcciones.

Aquel día, el tiempo estaba con niebla y frío; Florence casi no podía ver los botes que la acompañaban. Pero con todo, nadó en forma constante durante quince horas. Cuando rogó que la sacaran del agua, su madre, que iba en uno de los botes que la acompañaban, le dijo que estaba cerca de la costa, y que podía llegar allí. Finalmente, extenuada física y emocionalmente, Florence dejó de nadar y fue sacada del agua. No fue sino hasta que estuvo en el bote que se dio cuenta de que la costa quedaba a menos de un kilómetro de distancia. Al día siguiente, en una conferencia de noticias, ella dijo: “Todo lo que podía ver era la neblina. . . . Creo que si hubiera podido ver la costa, lo hubiera logrado.” 2

Cuando enfrenta desánimo, difi cultades o fatiga, o cuando está rodeado por la neblina de circunstancias inciertas, ¿está pensando, si sólo pudiera ver la costa, creo que lo lograría?

Ponga su mira en Jesucristo, la Roca de salvación. Él es quien ha prometido preparar un lugar para aquellos que ponen su esperanza en él, un lugar en el cual vivirán con él para siempre. Si podemos aprender a colocar nuestros ojos en Jesús, ver a través de la neblina y vislumbrar nuestro hogar eterno con los ojos de la mente, eso nos consolará y nos revitalizará, dándonos una visión clara de la línea de llegada.

Cuando el apóstol Pablo enfrentó privaciones, golpes y la cárcel, dijo: “Una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y esforzándome por alcanzar lo que está delante, sigo avanzando hacia la meta para ganar el premio que Dios ofrece mediante su llamamiento celestial en Cristo Jesús” (Filipenses 3:13-14).

¿Qué fue lo que le dio a Pablo la fortaleza y perspectiva para “seguir avanzando hacia la meta”? Una visión clara del Cielo. Él quería “ganar el premio” que le esperaba en el Cielo, y sabía que Dios le había hecho un “llamamiento celestial en Cristo Jesús.”

Si usted está cansado y no sabe cómo puede continuar avanzando, oro que este libro le dé aliento, visión y esperanza. Sin importar lo dura que llegue a ser la vida, si puede ver la costa y sacar su fortaleza de Cristo, logrará llegar.

¿Puede ver la costa? ¿Le pedirá a Dios ahora que lo ayude a verla?

Oh Dios, Padre de toda promesa y esperanza, Creador de un mundo que fue una vez perfecto y que un día será perfecto otra vez, ayúdanos a ver más allá de la neblina de este mundo. Ayúdanos a ver la costa de la patria que nos espera—un reino glorioso y eterno comprado por el sacrificio de amor de Jesucristo, nuestro Salvador y Rey de reyes.


Extracto de 50 Días del Cielo by Randy Alcorn, Día 1.


Notas

1 Ola Elizabeth Winslow, Jonathan Edwards: Basic Writings [Jonathan Edwards: Las Escrituras Básicas] (New York: New American Library, 1966), 142.

2 “Loving the Church [Amando a la Iglesia],” casete del sermón de C. J. Mahaney en la iglesia Covenant Life Church, Gaithersburg, Md., sin fecha.



If We Can Just See the Shore

Rejoice that your names are written in heaven. — Luke 10:20

It becomes us to spend this life only as a journey toward heaven. . . . Why should we labor for or set our hearts on anything else, but that which is our proper end and true happiness? 3 — Jonathan Edwards

Life in this world—the way it is now and the way we are now—isn’t easy, is it?

Perhaps you’re burdened, discouraged, depressed, or even traumatized. Perhaps you’ve lost a loved one. Perhaps your dreams—your family, career, or lifelong ambitions—have crumbled. Perhaps you’ve become cynical or have lost hope. A biblical understanding of the truth about Heaven can change all that.

Secular optimists are merely wishful thinkers. Having discovered the present payoffs of optimism, they conduct seminars and write books about positive thinking. Sometimes they capitalize on optimism by becoming rich and famous. But then what happens? They eventually get old or sick, and when they die, they are unprepared to meet God. Their optimism is ultimately an illusion, for it fails to take eternity into account.

The only proper foundation for optimism is the redemptive work of Jesus Christ. If we build our lives on this solid foundation, we should all be optimists. Why? Because even our most painful experiences in life are but temporary setbacks. Our pain and suffering may or may not be relieved in this life, but they will certainly be relieved in the life to come. That is Christ’s promise—no more pain or death; he will wipe away all our tears. He took our sufferings on himself so that one day he might remove all suffering from the world. That is the biblical foundation for our optimism. Any other foundation is like sand, not rock. It will not bear the weight of our eternity.

No Christian should be pessimistic. We should be true realists—focused on the reality that we serve a sovereign and gracious God. Because of the reality of Christ’s atoning sacrifice and his promises, biblical realism is optimism.

By meditating on Heaven and learning to look forward to it, we don’t eliminate our pain, but we can alleviate it and put it in perspective. We’re reminded that suffering and death are only temporary conditions.

Jesus came to deliver us from the fear of death, “so that by his death he might destroy him who holds the power of death—that is, the devil—and free those who all their lives were held in slavery by their fear of death” (Hebrews 2:14-15).

In light of the coming resurrection of the dead, the apostle Paul asks, “Where, O death, is your victory? Where, O death, is your sting?” (1 Corinthians 15:55).

We should not romanticize death. But those who know Jesus should realize that death is a gateway to never-ending joy.

Grasping what the Bible teaches about Heaven will shift our center of gravity and radically alter our perspective on life. It will give us hope, a word that the apostle Paul uses six times in Romans 8:20-25, where he explains that all creation longs for our resurrection and the world’s coming redemption.

Don’t place your hope in favorable life circumstances—they cannot and will not last. Instead, place your hope in Jesus Christ and his promises. One day he will return, and those who have placed their faith in him will be resurrected to life on the New Earth. They will behold God’s face and joyfully serve him forever.

In 1952, Florence Chadwick stepped into the waters of the Pacific Ocean off Catalina Island, California, determined to swim to the mainland. An experienced swimmer, she had already been the first woman to swim the English Channel both ways.

The weather that day was foggy and chilly; Florence could hardly see the boats accompanying her. Still, she swam steadily for fifteen hours. When she begged to be taken out of the water along the way, her mother, in a boat alongside, told her that she was close and that she could make it. Finally, physically and emotionally exhausted, Florence stopped swimming and was pulled out. It wasn’t until she was aboard the boat that she discovered the shore was less than half a mile away. At a news conference the next day, she said, “All I could see was the fog. . . . I think if I could have seen the shore, I would have made it.”4

As you face discouragement, difficulty, or fatigue, or as you are surrounded by the fog of uncertain circumstances, are you thinking, If only I could see the shore, I could make it?

Set your sights on Jesus Christ, the Rock of salvation. He is the one who has promised to prepare a place for those who put their hope in him, a place where they will live with him forever. If we can learn to fix our eyes on Jesus, to see through the fog and picture our eternal home in our mind’s eye, it will comfort and energize us, giving us a clear look at the finish line.

When the apostle Paul faced hardship, beatings, and imprisonment, he said, “One thing I do: Forgetting what is behind and straining toward what is ahead, I press on toward the goal to win the prize for which God has called me heavenward in Christ Jesus” (Philippians 3:13-14).

What gave Paul the strength and perspective to “press on toward the goal”? A clear view of Heaven. He wanted to “win the prize” that awaited him in Heaven, and he knew that God had “called [him] heavenward in Christ Jesus.”

If you’re weary and don’t know how you can keep going, I pray this book will give you encouragement, vision, and hope. No matter how tough life becomes, if you can see the shore and draw your strength from Christ, you’ll make it.

Are you able to see the shore? Will you ask God now to help you see it?

O God, Father of all promise and hope, maker of a world that was once perfect and one day will be perfect again, help us to look beyond the fog of this world. Help us to see the shore of the homeland that awaits us—a glorious, eternal Kingdom purchased by the loving sacrifice of Jesus Christ, our Savior and the King of kings.


Excerpt from 50 Days of Heaven by Randy Alcorn, Day 1


Notes

3 Ola Elizabeth Winslow, Jonathan Edwards: Basic Writings (New York: New American Library, 1966), 142.

4 “Loving the Church,” audiotape of sermon by C. J. Mahaney at Covenant Life Church, Gaithersburg, Md., n.d.

Randy Alcorn, founder of EPM

Randy Alcorn (@randyalcorn) is the author of over fifty books and the founder and director of Eternal Perspective Ministries