El Lugar Adonde Van Los Hijos De Dios Cuando Mueren, Extracto de 50 Días del Cielo (Where God’s People Go When They Die, Excerpt from 50 Days of Heaven)

Hermanos, no queremos que ignoren lo que va a pasar con los que ya han muerto, para que no se entristezcan como esos otros que no tienen esperanza. — 1 Tesalonicenses 4:13

Oh, Dios, este es el fin; pero para mí es sólo el comienzo. — Dietrich Bonhoeffer, momentos antes de ser colgado por los nazis

Cuando Marco Polo regresó a Italia de la corte de Kublai Kan, describió un mundo que su audiencia nunca había visto, m ndo que no podía ser entendido sin los ojos de la imaginación. No era que China fuera un reino imaginario, sino que era muy diferente a Italia. Sin embargo, como dos lugares en el planeta Tierra habitados por seres humanos, tenían mucho en común. Los puntos de referencia de Italia proporcionaron las bases para entender a China, y las diferencias podían ser explicadas desde allí.1

Los escritores de las Escrituras presentan al Cielo de muchas maneras, por ejemplo como un jardín, una ciudad, un país y un reino. Debido a que los jardines, las ciudades, los países y los reinos nos son familiares, nos sirven de puentes mentales para entender el Cielo.

Por lo general, cuando nos referimos al Cielo queremos decir el lugar al que irán los creyentes cuando mueren. Cuando les decimos a nuestros hijos: “Abuela está ahora en el Cielo,” nos estamos refiriendo al Cielo presente o intermedio. El término intermedio no quiere decir que está a mitad de camino entre el Cielo y el Infierno, en alguna clase de purgatorio o lugar de segunda clase. El Cielo presente es completamente Cielo, completamente en la presencia de Dios, pero es intermedio en el sentido de que es temporal—no es nuestro destino final. Aunque es un lugar maravilloso y nos encantará estar allí, no es el lugar para el que fuimos hechos, y no es el lugar en el que viviremos para siempre. Dios ha destinado a sus hijos para que vivan como seres resucitados en una Tierra resucitada.

Así que, aunque el Cielo presente es maravilloso, no debemos perder la visión de nuestro destino certero, la Nueva Tierra, que también será en la presencia de Dios (porque eso es lo que es el Cielo, el lugar central de morada de Dios).

¿Vivirán los creyentes en el Cielo para siempre? La respuesta depende de lo que queremos decir por Cielo. ¿Estaremos con el Señor para siempre? Claro que sí. ¿Estaremos con él en el lugar exacto en que el Cielo se encuentra ahora? No.

En el Cielo presente, todos están en la presencia de Cristo, y todos están gozosos. Pero también todos anhelan el retorno de Cristo a la Tierra, cuando experimentarán la resurrección y caminarán de nuevo en la Tierra.

Puede parecer extraño decir que el Cielo al que vamos cuando morimos no es eterno, pero es cierto. “Los creyentes a menudo hablan de vivir con Dios ‘en el cielo’ para siempre,” escribe Wayne Grudem, “pero en realidad la enseñanza bíblica es mucho más profunda que eso: nos dice que habrá nuevos cielos y una nueva tierra—una creación completamente nueva—y viviremos con Dios allí. . . . También habrá una nueva clase de unificación de cielo y tierra. . . . Habrá una unión del cielo y la tierra en esta nueva creación.”2

Permítame usar una analogía para ilustrar la diferencia entre el Cielo presente y el Cielo eterno. Suponga que usted vive en un refugio para personas sin hogar en Miami. Un día, hereda una hermosa casa en Santa Bárbara, California, completamente amueblada, en el costado de una colina con vista al océano. Con la casa le llega un trabajo fantástico, algo que usted siempre quiso hacer. No sólo eso, sino que también estaría cerca de miembros íntimos de su familia, los que se mudaron allí desde Miami hace muchos años.

En su vuelo a Santa Bárbara, cambia de avión en Denver, donde va a pasar una tarde. Algunos miembros de su familia, a quienes no ha visto por años, se encontrarán con usted en el aeropuerto de Denver y subirán a bordo del avión para ir con usted a Santa Bárbara, donde han heredado sus propias hermosas casas en otra parte de la misma enorme finca. Por supuesto que usted está ansioso por verlos. Bien, cuando el agente de pasajes en Miami le pregunta: “¿Adónde va?” ¿le respondería usted “A Denver”? No, usted le diría “A Santa Bárbara,” porque ese es su destino final. Si mencionara Denver, sólo diría: “Voy a Santa Bárbara y paso por Denver.”

Cuando les habla a sus amigos en Miami sobre dónde va a ir a vivir, ¿enfocaría la conversación en Denver? No. Tal vez ni siquiera mencione Denver, porque sólo va a vivir en Denver unas horas. Aun si saliera del aeropuerto y pasara un día o una semana en Denver, todavía no sería su enfoque. Denver es sólo una parada intermedia a lo largo del camino. Su destino verdadero—su nuevo hogar permanente—es Santa Bárbara.

De manera similar, el Cielo al que iremos cuando muramos, el Cielo presente, es un lugar de morada temporal. Es un lugar muy lindo y maravilloso (¡mucho mejor que el aeropuerto de Denver!), pero todavía es una parada en el camino hacia nuestro destino final: la Nueva Tierra. Será maravilloso ver a amigos y familiares en el Cielo presente, a quienes no hemos visto por un tiempo. Pero ellos, al igual que nosotros, estarán anhelando la resurrección, después de la cual, en efecto, viviremos en el lugar que Dios está preparando para nosotros.

Otra analogía es más precisa pero más difícil de imaginar, porque para la mayoría se encuentra fuera de su experiencia. Imagínese que deja el refugio para personas sin hogar en Miami y que vuela al destino intermedio, Denver, y luego se da vuelta y regresa a su ciudad de origen, la cual ha sido completamente remodelada—un Miami nuevo. En este Nuevo Miami, usted ya no va a vivir en un refugio para personas sin hogar, sino en una casa hermosa en una ciudad sin contaminación ambiental, sin crimen y sin pecado. Así que usted no estaría viviendo en un hogar nuevo, sino en una versión de su antigua casa completamente mejorada.

Esto es lo que la Biblia nos promete—que viviremos con Cristo y los unos con los otros para siempre, no en el Cielo presente, sino en la Nueva Tierra, que Dios convertirá en Cielo por poner allí su trono y su presencia, y donde Dios estará para siempre en casa con sus hijos.

La idea de que el Cielo presente es un Cielo intermedio tal vez sea o no un concepto completamente nuevo para usted, ¿pero tiene sentido? (Siga leyendo; creo que le encontrará sentido.)

Padre, gracias porque cuando tus hijos mueren, pasan a la plenitud de tu presencia. Cuando estamos contigo estamos en nuestro hogar. Gracias porque también has prometido llevarnos un día de vuelta para vivir en una Tierra Nueva gloriosa. Así que anhelamos no sólo el Cielo presente sino también el Nuevo Cielo y la Nueva Tierra. Gracias, querido Señor, por el gozo que has infundido en nuestro corazón con el pensamiento de que viviremos para siempre contigo, la persona para la cual fuimos creados, en el Cielo, el lugar que has hecho para nosotros.


Extracto de 50 Días del Cielo by Randy Alcorn, Día 8.

Notas
1 McGrath, A Brief History of Heaven, 5.
2 Wayne Grudem, Systematic Theology: An Introduction to Biblical Doctrine (Grand Rapids: Zondervan, 1994), 1158. Publicado en español en 2006 como Teología Sistemática: Una Introducción a La Doctrina Bíblica por Vida.
 

Where God’s People Go When They Die
(Excerpt from 50 Days of Heaven)

Brothers, we do not want you to be ignorant about those who fall asleep, or to grieve like the rest of men, who have no hope. — 1 Thessalonians 4:13

Oh, God, this is the end; but for me it is just the beginning. — Dietrich Bonhoeffer, just before he was hanged by the Nazis

When Marco Polo returned to Italy from the court of Kublai Khan, he described a world his audience had never seen—one that could be understood only through the eyes of imagination. Not that China was an imaginary realm, but it was very different from Italy. Yet, as two locations on planet Earth inhabited by human beings, they had much in common. The reference points of Italy allowed a basis for understanding China, and the differences could be spelled out from there.3

The writers of Scripture present Heaven in many ways; for instance, as a garden, a city, a country, and a kingdom. We’re familiar with gardens, cities, countries, and kingdoms; they serve as mental bridges to help us understand Heaven.

Usually when we refer to Heaven, we mean the place where Christians go when they die. When we tell our children, “Grandma’s now in Heaven,” we’re referring to the intermediate, or present, Heaven. The term intermediate doesn’t mean it is halfway between Heaven and Hell, in some kind of purgatory or second-rate place. The intermediate Heaven is fully Heaven, fully in God’s presence, but it is intermediate in the sense that it’s temporary, not our final destination. Though it is a wonderful place, and we’ll love it there, it is not the place we are ultimately made for, and it is not the place where we will live forever. God has destined his children to live as resurrected beings on a resurrected Earth.

So, as wonderful as the intermediate Heaven is, we must not lose sight of our true destination, the New Earth, which will also be in God’s presence (because that’s what Heaven is, the central place of God’s dwelling).

Will Christians live in Heaven forever? The answer depends on what we mean by Heaven. Will we be with the Lord forever? Absolutely. Will we always be with him in exactly the same place that Heaven is now? No.

In the present Heaven, everyone is in Christ’s presence, and everyone is joyful. But everyone is also looking forward to Christ’s return to Earth, when they will experience their resurrection and walk on the earth again.

It may seem strange to say that the Heaven we go to at death isn’t eternal, but it’s true. “Christians often talk about living with God ‘in heaven’ forever,” writes Wayne Grudem, “but in fact the biblical teaching is richer than that: it tells us that there will be new heavens and a new earth—an entirely renewed creation—and we will live with God there. . . . There will also be a new kind of unification of heaven and earth. . . . There will be a joining of heaven and earth in this new creation.”4

Let me suggest an analogy to illustrate the difference between the intermediate Heaven and the eternal Heaven. Suppose you live in a homeless shelter in Miami. One day you inherit a beautiful house in Santa Barbara, California, fully furnished, on a gorgeous hillside overlooking the ocean. With the home comes a wonderful job doing something you’ve always wanted to do. Not only that, but you’ll also be near close family members who moved from Miami many years ago.

On your flight to Santa Barbara, you’ll change planes in Denver, where you’ll spend an afternoon. Some other family members, whom you haven’t seen in years, will meet you at the Denver airport and board the plane with you to Santa Barbara, where they have inherited their own beautiful houses on another part of the same vast estate. Naturally, you look forward to seeing them. Now, when the Miami ticket agent asks you, “Where are you headed?” would you say, “Denver”? No. You would say, “Santa Barbara,” because that’s your final destination. If you mentioned Denver at all, you would say, “I’m going to Santa Barbara by way of Denver.”

When you talk to your friends in Miami about where you’re going to live, would you focus on Denver? No. You might not even mention Denver, even though you will be a Denver-dweller for several hours. Even if you left the airport and spent a day or a week in Denver, it still wouldn’t be your focus. Denver is just a stop along the way. Your true destination—your new long-term home—is in Santa Barbara.

Similarly, the Heaven we will go to when we die, the intermediate Heaven, is a temporary dwelling place. It’s a wonderfully nice place (much better than the Denver airport!), but it’s still a stop along the way to our final destination: the New Earth. It will be great to see friends and family in the present Heaven whom we haven’t seen for a while. But like us, they will be looking forward to the resurrection, after which we will actually live on the estate that God is preparing for us.

Another analogy is more precise but also more difficult to envision, because for most of us it’s outside our experience. Imagine leaving the homeless shelter in Miami and flying to the intermediate location, Denver, and then turning around and going back to your city of origin, which has been completely renovated—a New Miami. In this New Miami, you would no longer live in a homeless shelter but in a beautiful house in a glorious pollution-free, crime-free, sin-free city. So you would end up living not in a new home but in a radically improved version of your old home.

This is what the Bible promises us—we will live with Christ and one another forever, not in the present Heaven, but on the New Earth, which God will make into Heaven by virtue of the location of his throne and his presence, and where he will forever be at home with his people.

The idea of an intermediate Heaven may or may not be a brand-new concept to you, but does it make sense? (Keep reading; I think it will.)

Father, thank you that when your children die, they step into the fullness of your presence. To be with you is to be at home. Thank you also that you have promised to take us back one day to live on a glorious New Earth. And so we look forward not ­only to the present Heaven but also to the new Heaven and the New Earth. Thank you, dear Lord, for the joy infused into our hearts by the thought of living forever with you, the person for whom we were made, in Heaven, the place for which you made us.


Excerpt from 50 Days of Heaven by Randy Alcorn, Day 8.

Notes
3 McGrath, A Brief History of Heaven, 5.
4 Wayne Grudem, Systematic Theology: An Introduction to Biblical Doctrine (Grand Rapids: Zondervan, 1994), 1158.
Randy Alcorn, founder of EPM

Randy Alcorn (@randyalcorn) is the author of over fifty books and the founder and director of Eternal Perspective Ministries