Ya No Habrá Aburrimiento, Extracto de 50 Días del Cielo (No More Boredom, Excerpt from 50 Days of Heaven)

En tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre. — Salmo 16:11, RV60

El mal imaginario es romántico y variado; el mal real es lóbrego, monótono, improductivo, aburrido. El bien imaginario es aburrido; el bien real es siempre nuevo, maravilloso, estimulante. — Simone Weil

El escritor de ciencia ficción Isaac Asimov dijo: “Yo no creo en una vida después de la muerte, así que no tengo que pasar toda la vida temiéndole al infierno, o temiéndole aún más al cielo. Porque cualesquiera que fueran las torturas del infierno, yo creo que el aburrimiento del cielo sería aún peor.”

Es triste, pero aun entre creyentes, es un mito frecuente que el Cielo será aburrido. Algunas veces no nos podemos imaginar nada más allá de rasguear un arpa y sacarle brillo a las calles de oro. Hemos sucumbido a las estrategias de Satanás que abre la boca “para blasfemar contra Dios, para maldecir su nombre y su morada y a los que viven en el cielo” (Apocalipsis 13:6).

La gente dice a veces: “Yo preferiría divertirme en el Infierno que estar completamente aburrido en el Cielo.” Muchos se imaginan al Infierno como un lugar en el que pasarán tiempo con otras personas, jugarán al billar y bromearán con sus amigos. Eso podría suceder en la Nueva Tierra, pero no en el Infierno.

El Infierno es un lugar de tormento y soledad, donde no existen amistades ni buenos tiempos. El Infierno será terriblemente aburrido. Todo lo bueno, lo que se disfruta, lo agradable, fascinante e interesante se origina en Dios. Sin Dios no hay nada interesante que hacer. El rey David escribió: “En tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre” (Salmo 16:11, RV60). Lo opuesto es que fuera de la presencia de Dios no hay gozo.

Nuestra creencia de que el Cielo será aburrido revela una herejía—que Dios es aburrido. No existe una necedad más grande que esa. Lo que es cierto es que nuestro deseo de placer y la experiencia del gozo vienen directamente de la mano de Dios. Dios diseñó y nos dio las glándulas del gusto, la adrenalina, el impulso sexual y las terminaciones nerviosas que conducen el placer a nuestro cerebro. De igual forma, nuestra imaginación y nuestra capacidad de gozo y regocijo fueron creadas por el mismo Dios a quien acusamos de ser aburrido. ¿Nos imaginamos que la idea de divertirse se nos ocurrió a nosotros?

“¿No será aburrido ser buenos todo el tiempo?” Fíjese en lo que se asume: que el pecado es emocionante y que la justicia es aburrida. Hemos creído la mentira del diablo. Su estrategia más básica, la misma que empleó con Adán y Eva, es hacernos creer que el pecado trae satisfacción. Pero lo opuesto es verdad. El pecado nos roba la satisfacción. El pecado no hace que la vida sea interesante; hace que la vida sea vacía. El pecado no crea aventura; la mitiga. El pecado no expande la vida; la disminuye. La futilidad del pecado inevitablemente lleva al aburrimiento. Cuando hay realización, cuando hay belleza, cuando vemos a Dios como es en realidad—una fuente de fascinación sin fin—el aburrimiento se hace imposible.

Los que creen que las cosas emocionantes no pueden existir sin el pecado están pensando con mentes envenenadas. Los drogadictos están convencidos de que sin sus drogas no pueden vivir vidas felices. De hecho—como todos los demás pueden ver—las drogas los hacen desdichados. La libertad del pecado significará libertad para ser lo que Dios quiso que fuéramos, libres para encontrar mucho más gozo en todas las cosas. En el Cielo tendremos plenitud, como lo describe el Salmo 16:11, de alegría y dicha eterna.

Otra razón por la cual la gente asume que el Cielo es aburrido es que sus vidas cristianas son aburridas. Esa no es culpa de Dios. Él nos llama para que lo sigamos en una aventura que nos debería hacer apreciar lo mejor de la vida. Si estamos experimentando el movimiento vivificador del Espíritu de Dios, confiando en él para que llene nuestra vida con encuentros divinos, y experimentando diariamente el deleite—como niños—de su bondad llena de gracia, entonces sabremos que Dios es emocionante y que el Cielo es vivificante. ¿Qué otra cosa podrían ser?

En cuanto a no tener nada que hacer en el Cielo, vamos a ayudar a Dios a gobernar el universo (Lucas 19:11-27). Tendremos una eternidad colmada de cosas que hacer. La figura que la Biblia presenta de personas resucitadas trabajando en una sociedad vibrante, en una tierra resucitada, no podría ser más cautivante. (No debe asombrarnos que Satanás trabaje con tanto ahínco para robárnosla.)

Dios nos dará mentes renovadas y cuerpos  maravillosamente construidos, llenos de energía y visión. James Campbell dice: “El trabajo en el otro lado, cualquiera que sea su carácter, estará adaptado a la aptitud especial y al poder de cada uno. Será el trabajo que la persona pueda hacer mejor; el trabajo que usará hasta el máximo todo lo que está dentro de la persona.”1

Aun bajo la maldición, vislumbramos cómo el trabajo puede ser agradable, cómo puede formar relaciones, y cómo nos puede ayudar a mejorarnos a nosotros mismos y a nuestro mundo. El trabajo nos hace esforzar de maneras que nos hacen más inteligentes, más sabios y más realizados.

El Dios que nos creó para que hiciéramos buenas obras (Efesios 2:10) no abandonará su propósito cuando nos resucite para habitar el nuevo universo.

Se nos dice que serviremos a Dios en el Cielo (Apocalipsis 7:15; 22:3). El servicio es activo, no pasivo. Involucra desempeñar responsabilidades en las cuales gastamos energía. El trabajo en el Cielo no será frustrante o sin fruto; involucrará logros que perdurarán, sin estar perjudicados por la corrupción y la fatiga, los cuales serán realzados por recursos ilimitados. Enfocaremos nuestro trabajo con el mismo entusiasmo que ponemos ahora en nuestro deporte o pasatiempo favorito.

En el Cielo, reinaremos con Cristo, ejercitaremos el liderazgo y la autoridad, y tomaremos decisiones importantes. Esto implica que delegaremos responsabilidades específicas a los que se encuentran bajo nuestro liderazgo, así como que nuestros líderes nos darán responsabilidades específicas a nosotros (Lucas 19:17-19). Estableceremos metas, trazaremos planes y compartiremos ideas. Nuestros mejores días de trabajo en la Tierra—esos días en que todo sale mejor de lo que planeamos, cuando todo lo hacemos a tiempo, y cuando todos en el grupo trabajan unidos y disfrutan la compañía mutua—son sólo un pequeño anticipo del gozo que nos traerá nuestro trabajo en la Nueva Tierra.

Si piensa que la vida será aburrida en el nuevo universo de Dios, no entiende esto correctamente. Imagínese las flores que estudiarán (y disfrutarán) los botánicos; los animales que los zoólogos investigarán (y con quienes jugarán). Los astrónomos dotados tal vez vayan de sistema estelar a sistema estelar, de galaxia a galaxia, estudiando las maravillas de la creación de Dios. Una existencia incorpórea sería aburrida, pero nuestra resurrección a vida corporal en la Nueva Tierra terminará con el aburrimiento para siempre.

De todas las cosas emocionantes que tal vez hagamos en el Cielo para la gloria de Dios, ¿cuáles son algunas de las que usted más anhela hacer?

Padre, perdónanos por las veces que hemos apoyado la herejía favorita de Satanás de que el Cielo será aburrido, que no tú eres una persona interesante y que la gente en el Cielo desearía estar en otro lugar. Líbranos de nuestras perspectivas erróneas sobre el Cielo. Líbranos especialmente de la noción tergiversada de que el pecado es más interesante que la justicia, y de la herejía de que desobedecerte traerá felicidad en lugar de destrucción. Ayúdanos a darnos cuenta de que el mundo va a querer que nuestros hijos crean esas mentiras, y que nuestra tarea es llevar a nuestros hijos a tu Palabra y mostrarles la verdad acerca del Cielo, que es tan cautivante y emocionante. Dios, ayúdanos hoy a ser modelos del gozo del Cielo para nuestra familia, amigos, vecinos y compañeros de trabajo.


Extracto de 50 Días del Cielo by Randy Alcorn, Día 44.


Notas
1 James M. Campbell, Heaven Opened: A Book of Comfort and Hope [El Cielo Abierto: Un Libro de Consolación y Esperanza] (New York: Revell, 1924), 123.



No More Boredom (Excerpt from 50 Days of Heaven)

In Your presence is fullness of joy; at Your right hand are pleasures forevermore. — Psalm 16:11, NKJV

Imaginary evil is romantic and varied; real evil is gloomy, monotonous, barren, boring. Imaginary good is boring; real good is always new, marvelous, intoxicating. — Simone Weil

Science fiction writer Isaac Asimov said, “I don’t believe in an afterlife, so I don’t have to spend my whole life fearing hell, or fearing heaven even more. For whatever the tortures of hell, I think the boredom of heaven would be even worse.”

Sadly, even among Christians, it’s a prevalent myth that Heaven will be boring. Sometimes we can’t envision anything beyond strumming a harp and polishing streets of gold. We’ve succumbed to Satan’s strategies “to blaspheme God, and to slander his name and his dwelling place” (Revelation 13:6).

People sometimes say, “I’d rather be having a good time in Hell than be bored out of my mind in Heaven.” Many imagine Hell as a place where they’ll hang around and shoot pool and joke with friends. That could happen on the New Earth, but not in Hell.

Hell is a place of torment and isolation, where friendship and good times don’t exist. Hell will be deathly boring. Everything good, enjoyable, refreshing, fascinating, and interesting originates with God. Without God, there’s nothing interesting to do. David wrote, “In Your presence is fullness of joy; at Your right hand are pleasures forevermore” (Psalm 16:11, nkjv). Conversely, outside of God’s presence, there is no joy.

Our belief that Heaven will be boring betrays a heresy—that God is boring. There’s no greater nonsense. What’s true is that our desire for pleasure and the experience of joy come directly from God’s hand. God designed and gave us our taste buds, adrenaline, sex drives, and the nerve endings that convey pleasure to our brains. Likewise, our imaginations and our capacity for joy and exhilaration were made by the very God we accuse of being boring! Do we imagine that we ourselves came up with the idea of fun?

“Won’t it be boring to be good all the time?” Note the underlying assumption: Sin is exciting, righteousness is boring. We’ve fallen for the devil’s lie. His most basic strategy, the same one he employed with Adam and Eve, is to make us believe that sin brings fulfillment. But the opposite is true. Sin robs us of fulfillment. Sin doesn’t make life interesting; it makes life empty. Sin doesn’t create adventure; it blunts it. Sin doesn’t expand life; it shrinks it. Sin’s emptiness inevitably leads to boredom. When there’s fulfillment, when there’s beauty, when we see God as he truly is—an endless reservoir of fascination—boredom becomes impossible.

Those who believe there can’t be excitement without sin think with sin-poisoned minds. Drug addicts are convinced that without their drugs they can’t live happy lives. In fact—as everyone else can see—drugs make them miserable. Freedom from sin will mean freedom to be what God intended, freedom to find far greater joy in everything. In Heaven we’ll be filled, as Psalm 16:11 describes it, with joy and eternal pleasures.

Another reason why people assume Heaven is boring is that their Christian lives are boring. That’s not God’s fault. He calls us to follow him in an adventure that should put us on life’s edge. If we’re experiencing the invigorating stirrings of God’s Spirit, trusting him to fill our lives with divine appointments, and experiencing the childlike delights of his gracious daily kindnesses, then we’ll know that God is exciting and Heaven is exhilarating. What else could they be?

As for having nothing to do in Heaven, we’re going to help God run the universe (Luke 19:11-27). We’ll have an eternity full of things to do. The Bible’s picture of resurrected people at work in a vibrant society on a resurrected earth couldn’t be more compelling. (No wonder Satan works so hard to rob us of it.)

God will give us renewed minds and marvelously constructed bodies, full of energy and vision. James Campbell says, “The work on the other side, whatever be its character, will be adapted to each one’s special aptitude and powers. It will be the work he can do best; the work that will give the fullest play to all that is within him.”2

Even under the Curse, we catch glimpses of how work can be enriching, how it can build relationships, and how it can help us to improve ourselves and our world. Work stretches us in ways that make us smarter, wiser, and more fulfilled.

The God who created us to do good works (Ephesians 2:10) will not abandon this purpose when he resurrects us to inhabit the new universe.

We are told that we will serve God in Heaven (Revelation 7:15; 22:3). Service is active, not passive. It involves fulfilling responsibilities, in which we expend energy. Work in Heaven won’t be frustrating or fruitless; it will involve lasting accomplishments, unhindered by decay and fatigue, and enhanced by unlimited resources. We’ll approach our work in Heaven with the same enthusiasm we now bring to our favorite sports or hobbies.

In Heaven, we’ll reign with Christ, exercise leadership and authority, and make important decisions. This implies specific delegated responsibilities for those under our leadership, as well as specific responsibilities given to us by our leaders (Luke 19:17-19). We’ll set goals, devise plans, and share ideas. Our best workday on Earth—when everything turns out better than we planned, when we get everything done on time, when everyone on the team pulls together and enjoys each other—is just a small foretaste of the joy our work will bring us on the New Earth.

If you think that life in God’s new universe will be boring, you’re just not getting it. Imagine the flowers that botanists will study (and enjoy), the animals that zoologists will research (and play with). Gifted astronomers may go from star system to star system, galaxy to galaxy, studying the wonders of God’s creation. A disembodied existence would be boring, but our resurrection to bodily life on the New Earth will forever put boredom to death.

Of all the exciting things we may do in Heaven for God’s glory, what are some you most look forward to?

Father, forgive us for the times we have embraced Satan’s favorite heresy that Heaven will be boring, that you are dull, and that your people in Heaven will wish we were elsewhere. Rescue us from our wrong views of Heaven. Rescue us especially from the twisted notion that sin is more interesting than righteousness, and from the heresy that disobeying you will bring excitement rather than destruction. Help us to realize that the world will try to sell these lies to our children and that it is our job to take them to your Word and show them the truth about Heaven that’s so captivating and exciting. God, help us today to model Heaven’s joy to our families, friends, neighbors, and coworkers.


Excerpt from 50 Days of Heaven by Randy Alcorn, Day 44.


Notes
2 James M. Campbell, Heaven Opened: A Book of Comfort and Hope (New York: Revell, 1924), 123.

Randy Alcorn, founder of EPM

Randy Alcorn (@randyalcorn) is the author of over fifty books and the founder and director of Eternal Perspective Ministries