La Risa, Extracto de 50 Dias del Cielo (Laughter, Excerpt from 50 Days of Heaven)

Dichosos ustedes que ahora lloran, porque luego habrán de reír. —Lucas 6:21

 

Cuando me arrodillé en la ribera del arroyo Para beber vida eternal, eché

Una mirada al dorado césped,

Y vi a mi perra, mi querida Blackie, viniendo Hacia mí a toda velocidad. Saltó por encima del arroyo

—Casi— y qué brillo de felicidad Vi en sus ojos. Me arrodillé Para beber, y supe que estaba

A punto de encontrar gozo sin fin.
Y dondequiera que fijé mis ojos

Vi una maravilla allí.[1] —John Piper

 

Quién dijo: “Si no se nos permite reír en el cielo, no quiero ir allí”? (Una pista: no fue Mark Twain.)

El que lo dijo fue Martín Lutero. Yo creo que en el Cielo nuestro gozo irrumpirá en risa. Cuando la risa se produce por lo que es apropiado, Dios se deleita en ello. Creo que Cristo reirá con nosotros, y su ingenio y su naturaleza amante de la diversión serán nuestras fuentes más grandes de risa sin fin.

¿Dónde se originó el sentido del humor? No en la gente, ni en los ángeles ni Satanás. Dios creó todas las cosas buenas, incluyendo el sentido del humor. Si Dios no tuviera sentido del humor, nosotros como portadores de su imagen tampoco lo tendríamos. Si Dios no tuviera sentido del humor, tal vez no tendríamos cerdos hormigueros, mandriles, ornitorrincos ni jirafas. Tiene que sonreír cuando se imagina uno de ellos, ¿no es verdad?

No hay nada como la risa de amigos queridos. La Biblia nos presenta a menudo alrededor de una mesa de comer en el Reino venidero de Dios. ¿Qué sonido escucha usted cuando los amigos se reúnen para comer y hablar? El sonido de la risa.

A mi esposa, Nanci, le encanta el fútbol americano. Ella abre nuestro hogar a familiares y amigos para mirar los partidos de fútbol los lunes en la noche. Actualmente hay cinco niños pequeños en el grupo y nos mantienen riendo. Si usted viniera a nuestra casa los lunes en la noche, escucharía vítores y quejidos por los equipos de fútbol, pero el sonido dominante en el lugar, semana tras semana, es el de la risa. Se comparten historias de la familia y del trabajo, y conversaciones serias, y nos detenemos para orar—todo eso rodeado de momentos de risa. Dios nos hizo para reír y para que nos encante reír.

En el nuevo universo sonará la risa. ¿Estoy simplemente especulando en cuanto a esto? No. Puedo señalar pasajes de la Biblia que vale la pena aprender de memoria. Jesús dijo: “Dichosos ustedes que ahora pasan hambre, porque serán saciados. Dichosos ustedes que ahora lloran, porque luego habrán de reír” (Lucas 6:21). Usted reirá.

¿Dónde seremos saciados? En el Cielo. ¿Dónde reiremos? En el Cielo. ¿Podemos estar seguros de esto? Sí, porque Jesús nos dice precisamente cuándo se cumplirá esta promesa: “Alégrense en aquel día y salten de gozo, pues miren que les espera una gran recompensa en el cielo” (Lucas 6:23).

Al igual que Jesús promete satisfacción en el Cielo, él también promete la risa como una recompensa. Al anticipar la risa venidera, Jesús dice que deberíamos “saltar de gozo” ahora. ¿Se puede usted imaginar a alguien saltando de gozo en completo silencio, sin reírse? Fíjese en cualquier grupo de gente que se regocija, ¿y qué es lo que escucha? Risa. Tal vez se abracen, se den palmaditas en la espalda, luchen juguetonamente, canten y cuenten historias. Pero siempre hay risa. Es el don de Dios a la humanidad. De seguro que la risa no se reducirá sino que será elevada a nuevos niveles después de la resurrección final.

La recompensa de los que ahora lloran será que reirán más tarde. Pasajes tales como Lucas 6 les dieron a los cristianos primitivos la fortaleza para resistir la persecución al proveerles “una comprensión del cielo como compensación por privilegios terrenales perdidos.”[2] En la tradición griega cristiana temprana, el lunes de pascua era “un día de gozo y risa,” llamado Lunes Brillante. Sólo los seguidores de Cristo pueden reír cuando enfrentan la persecución y la muerte porque saben que sus problemas presentes no son todo lo que existe. Saben que algún día reirán.

Por la gracia de Dios, podemos reír ahora, aun bajo la sombra de la muerte. Jesús no dice: “Si lloras, muy pronto las cosas en la Tierra cambiarán para mejor, y entonces reirás.” Las cosas no siempre cambian para mejor en una Tierra que está bajo la maldición. La enfermedad, la pérdida, la aflicción y la muerte nos van a afectar. Al igual que nuestra recompensa vendrá en el Cielo, la risa (que es una de nuestras recompensas) llegará en el Cielo, compensándonos por nuestras aflicciones presentes. Dios no sólo enjugará todas nuestras lágrimas, también llenará nuestro corazón de gozo y nuestra boca de risa.

Aun aquellos que son pobres, están enfermos o sufriendo pueden experimentar risa terapéutica. La gente en las honras fúnebres a menudo ríe. Los momentos más libres de cuidado en la Tierra producen risa. Y si ahora podemos reírnos mucho—en un mundo lleno de pobreza, enfermedad y desastres—entonces por seguro que lo que nos espera en el Cielo es mucha más risa.

Una de las mentiras más grandes de Satanás es que Dios—y la bondad— son sin gozo y sin sentido del humor, mientras que Satanás—y el mal— traen placer y satisfacción. En realidad, es Satanás el que no tiene sentido del humor. El pecado no le trajo gozo a Satanás; le quitó el gozo para siempre. En contraste, imagínese a Jesús y a sus discípulos. Si no puede imaginarse a Jesús haciéndoles bromas y riendo con ellos, usted debe evaluar su teología de la creación y la encarnación. Necesitamos una teología bíblica del sentido del humor que nos prepare para una eternidad de celebración, de risa espontánea y de rebosante gozo.

C. S. Lewis describe la risa en el Cielo cuando sus personajes asisten a la gran reunión en la nueva Narnia: “Y hubo un alboroto de saludos y besos y darse la mano y recordar viejos chistes (no tienes idea lo bien que suena un chiste viejo cuando lo vuelves a sacar a luz después de un reposo de quinientos o seiscientos años).”[3]

¿Quién es el más inteligente, creativo, ingenioso, y gozoso ser humano de todo el universo? Jesucristo. ¿Quién reirá más fuerte y con la risa más contagiosa en la Nueva Tierra? Jesucristo.

Cuando usted se enfrenta con dificultades y desánimo, mantenga la vista en la fuente de su gozo. Recite la promesa de Cristo para el nuevo mundo, una promesa que hace eco en los lugares más alejados del universo: Usted reirá.


¿Anhela reírse en el Cielo? ¿Está experimentando el gozo de Cristo de manera que ahora hay mucha risa en su vida?


Padre, hoy, ahora mismo, de la forma en que nos sentimos, con plazos que cumplir, con problemas en la salud, con amigos que sufren y con la inestabilidad mundial, necesitamos escuchar tu promesa de que nos vamos a reír en el Cielo. Nos imaginamos a Jesús riendo con sus discípulos, y casi no podemos esperar para escuchar su risa en persona. Anhelamos reír con él en banquetes, en caminatas y en conversaciones. Gracias por el don de la risa. Gracias porque tú lo inventaste. Gracias porque no tenemos que esperar hasta llegar al Cielo para reír, sino que la risa nos puede aliviar los tiempos difíciles. Pensamos en el alivio que trae la risa en honras fúnebres de personas que te han seguido fielmente, personas que ya están riendo al otro lado de la muerte. Hemos disfrutado de risa profunda, mezclada con lágrimas, en días difíciles, junto a amigos y familiares. Cuando lloramos ahora, Padre, recuérdanos que en el Cielo, compartiendo tu gozo, nos vamos a reír.

Extracto de 50 Días del Cielo by Randy Alcorn, Dia 43


[1] Piper, Future Grace [Gracia Futura] (Sisters, Ore.: Multnomah, 1995), 381.

[2] McDannell y Lang, Heaven: A History, 47.

[3] Lewis, The Last Battle, 179.


Laughter

Blessed are you who weep now, for you will laugh. —Luke 6:21

 

And as I knelt beside the brook

To drink eternal life, I took

A glance across the golden grass,

And saw my dog, old Blackie, fast

As she could come. She leaped the stream—

Almost—and what a happy gleam

Was in her eye. I knelt to drink,

And knew that I was on the brink

Of endless joy. And everywhere

I turned I saw a wonder there.[i] —John Piper

 

 

Who said, “If you’re not allowed to laugh in heaven, I don’t want to go there”? (Hint: It wasn’t Mark Twain.)

The answer is, Martin Luther. In Heaven, I believe our joy will often erupt in laughter. When laughter is prompted by what’s appropriate, God always takes pleasure in it. I think Christ will laugh with us, and his wit and fun-loving nature will be our greatest sources of endless laughter.

Where did humor originate? Not with people, angels, or Satan. God created all good things, including good humor. If God didn’t have a sense of humor, human beings, as his image-bearers, wouldn’t either. Of course, if God didn’t have a sense of humor, we probably also wouldn’t have aardvarks, baboons, platypuses, and giraffes. You have to smile when you picture one of these, don’t you?

There’s nothing like the laughter of dear friends. The Bible often portrays us around the dinner table in God’s coming Kingdom. What sound do you hear when friends gather to eat and talk? The sound of laughter.

My wife, Nanci, loves football. She opens our home to family and friends for Monday night football. Right now there are five toddlers in the group, and they keep us laughing. If you came to our house on Monday nights, you’d hear cheers and groans for the football teams, but the dominant sound in the room, week after week, is laughter. There are stories from family and work, and heart-to-heart talks, and pausing to pray—all surrounded by laughter. God made us to laugh and to love to laugh.

The new universe will ring with laughter. Am I just speculating about this? No. I can point to Scripture worth memorizing. Jesus said, “Blessed are you who hunger now, for you will be satisfied. Blessed are you who weep now, for you will laugh” (Luke 6:21). You will laugh.

Where will we be satisfied? In Heaven. Where will we laugh? In Heaven. Can we be certain of that? Yes, because Jesus tells us precisely where this promise will be fulfilled: “Rejoice in that day and leap for joy, because great is your reward in heaven” (Luke 6:23).

Just as Jesus promises satisfaction as a reward in Heaven, he also promises laughter as a reward. Anticipating the laughter to come, Jesus says we should “leap for joy” now. Can you imagine someone leaping for joy in utter silence, without laughter? Take any group of rejoicing people, and what do you hear? Laughter. There may be hugging, backslapping, playful wrestling, singing, and storytelling. But always there is laughter. It is God’s gift to humanity. Surely laughter will not contract, but expand in the final resurrection.

The reward of those who mourn now will be laughter later. Passages such as Luke 6 gave the early Christians strength to endure persecution in “an understanding of heaven as the compensation for lost earthly privileges.”[ii] In early Christian Greek tradition, Easter Monday was a “day of joy and laughter,” called Bright Monday. Only the followers of Christ can laugh in the face of persecution and death because they know that their present trouble isn’t all there is. They know that someday they will laugh.

By God’s grace, we can laugh right now, even under death’s shadow. Jesus doesn’t say, “If you weep, soon things on Earth will take a better turn, and then you’ll laugh.” Things won’t always take a better turn on an Earth under the Curse. Sickness, loss, grief, and death will find us. Just as our reward will come in Heaven, laughter (itself one of our rewards) will come in Heaven, compensating for our present sorrow. God won’t only wipe away all our tears, he’ll fill our hearts with joy and our mouths with laughter.

Those who are poor, diseased, and grieving experience therapeutic laughter. At memorial services, people laugh quickly. The best carefree moments on Earth bring laughter. And if we can laugh hard now—in a world full of poverty, disease, and disasters—then surely what awaits us in Heaven is far greater laughter.

One of Satan’s great lies is that God—and goodness—is joyless and humorless, while Satan—and evil—bring pleasure and satisfaction. In fact, it’s Satan who’s humorless. Sin didn’t bring him joy; it forever stripped him of joy. In contrast, envision Jesus with his disciples. If you cannot picture Jesus teasing them and laughing with them, you need to reevaluate your theology of Creation and Incarnation. We need a biblical theology of humor that prepares us for an eternity of celebration, spontaneous laughter, and overflowing joy.

C. S. Lewis depicts laughter in Heaven when his characters attend the Great Reunion on the New Narnia: “And there was greeting and kissing and handshaking and old jokes revived (you’ve no idea how good an old joke sounds after you take it out again after a rest of five or six hundred years).”[iii]

Who’s the most intelligent, creative, witty, and joyful human being in the universe? Jesus Christ. Whose laughter will be loudest and most contagious on the New Earth? Jesus Christ’s.

When you face difficulty and discouragement, keep your eyes on joy’s source. Recite Christ’s promise for the new world, a promise that echoes off the far reaches of the universe: You will laugh.

Do you look forward to laughter in Heaven? Are you experiencing the joy of Christ so that there is plenty of laughter in your life now?

Father, today, right now, feeling as we do, with deadlines and health issues and friends who are hurting and world events in flux, we need to hear your promise that in Heaven we will laugh. We picture Jesus, laughing with his disciples, and we can’t wait to hear his laugh in person. We look forward to laughing with him at banquets and on walks and in conversations. Thank you for the gift of laughter. Thank you that you invented it. Thank you that we do not have to wait until Heaven to laugh, but that laughter can carry us on its back through difficult times. We think of the release that laughter brings at memorial services for people who have followed you faithfully, people who are already laughing on death’s other side. We have enjoyed rich laughter, mingled with tears, with friends and family in difficult days. When we weep now, Father, remind us that in Heaven, partaking of your joy, we will laugh.

Excerpt from 50 Days of Heaven by Randy Alcorn, Day 43

[i] Piper, Future Grace (Sisters, Ore.: Multnomah, 1995), 381.

[ii] McDannell and Lang, Heaven: A History, 47.

[iii] Lewis, The Last Battle, 179.

Randy Alcorn, founder of EPM

Randy Alcorn (@randyalcorn) is the author of over fifty books and the founder and director of Eternal Perspective Ministries