Entrevista con el author Randy Alcorn acerca de su libro El Cielo (An Interview with Randy Alcorn, author of the book Heaven)

Respecto a la gran expectativa que se tiene por las promesas de Dios, usted menciona que muchas personas mueren antes de que puedan lograr sus metas (sueños), pero que puede ser que esas metas puedan alcanzarse en el Nuevo Cielo. Significa esto, por ejemplo, que si un arquitecto falleciera antes de que fuera capaz de cumplir su sueño de diseñar y construir las nuevas Torres Gemelas, ¿podría lograr cumplir esa meta en el Nuevo Cielo?

Eso es especulación, por supuesto, pero hay mucho que no es especulación—incluyendo el que tendremos cuerpos reales y viviremos en una tierra real, en una cultura de gente redimida que gobernará esa Nueva Tierra y servirá al Rey de reyes.

No sé si eso incluirá el diseño y construcción de las nuevas Torres Gemelas, pero ya que sabemos que la Nueva Tierra tendrá ciudades (Apocalipsis 21) y que todavía estaremos hechos a imagen y semejanza de Dios, hay muchas razones para creer que seremos aún más creativos de lo que somos ahora y no menos creativos. Entonces, ¿podrá alguien tan dotado como un arquitecto o constructor conservar esos dones y usarlos para la gloria de Dios en la Nueva Tierra? Me parece que es probable.

Si en esta tierra alguien tiene un sueño o deseo que es de Dios, eso quiere decir que no hay nada intrínsecamente malo o pecador en ese deseo. Entonces, ¿qué podría evitar que se viera realizado en la Nueva Tierra? Ciertamente, no la falta de tiempo ni oportunidad ni capacidad

Creo que la Nueva Tierra nos ofrecerá oportunidades que deseábamos pero que nunca tuvimos. El plan original de Dios era que los seres humanos tuvieran vidas felices y satisfactorias en la Tierra. Si nuestras vidas actuales son la única oportunidad de lograrlo, se habría frustrado el plan de Dios. Piense en la injusticia—muchas personas honestas, fieles, nunca logran tener vidas satisfactorias, mientras que otras deshonestas e infieles parecen vivir mucho mejor.

Pero Dios no es injusto y esta no es nuestra única oportunidad de vida en la Tierra. La doctrina de la Nueva Tierra claramente demuestra eso. Es cierto que algunos de nuestros sueños son indignos y los olvidaremos, pero pienso que hay muchas razones para creer que muchos de nuestros sueños que honran a Dios, que no fueron realizados en la Tierra antigua, serán realizados en la Nueva Tierra. Si una jovencita muere, ¿perderá la oportunidad de hacer cosas divertidas y significativas en la Tierra que sí hubiera hecho si hubiera vivido? La respuesta habitual es, “Estar con Jesús es mucho mejor.” Esa respuesta es correcta pero incompleta. ¿Por qué? Porque Dios tiene un futuro para nosotros, no sólo en el Cielo presente, sino también como gente resucitada en la Nueva Tierra.

Cuando la Maldición sea levantada, los sueños frustrados por los que alguna vez lloramos serán revividos y exaltados. Quizás eso sea parte de lo que significa ser como niños y por qué es necesario ser como ellos en el Cielo. Los niños no están desilusionados, ni desesperados, ni son cínicos. Tienen grandes sueños que alimentan su imaginación y les producen gozo. Y la vida eterna en la Nueva Tierra significa tener la oportunidad de realizar cada sueño digno.

Para el cristiano, la muerte no es el final de la aventura sino la puerta por la que se pasa de un mundo en el que los sueños y las aventuras se encogen, a otro mundo en el que los sueños y las aventuras se expanden siempre.

Cuando hablo con la gente sobre los sueños que se realizarán en el Cielo muchos preguntan: ¿Por qué Dios no permite que algunas personas logren realizar sus sueños aquí y ahora y después continúen en el Cielo? ¿Es justo que una persona discapacitada pase toda su vida en una silla de ruedas y tenga que tener suficiente paciencia para esperar hasta que muera, sólo para poder caminar en el cielo? ¿Es posible que alguien espere pacientemente la vida entera en una silla de ruedas esperando y soñando con el día en que tendrá un cuerpo perfecto?

Sin una perspectiva eterna, sin comprender la realidad de que lo mejor está por venir, asumimos que la personas que mueren jóvenes, que están discapacitadas, que no son saludables, que no se casan o que no _______ (llene el espacio en blanco) inevitablemente se pierden lo mejor que la vida tiene para ofrecer. Pero la teología subyacente a esos supuestos está fatalmente defectuosa. Estamos suponiendo que nuestra Tierra presente, nuestros cuerpos, nuestra cultura, nuestras relaciones y vidas son superiores a las de la Nueva Tierra. ¡Eso está completamente equivocado!

Lucas el médico cuenta sobre un gran número de personas que se acercaron a Jesús “para oírlo y para que los sanara de sus enfermedades. Los que eran atormentados por espíritus malignos quedaban liberados; así que toda la gente procuraba tocarlo, porque de él salía poder que sanaba a todos” (Lucas 6:18-19). Piense en lo que estaba pasando por la mente de Cristo mientras que trataba a esas personas semejantes a él afligidas por la enfermedad, la pobreza y la opresión espiritual. Sabía que el mundo estaba lleno de gente a quien no podría sanar en esta vida. También sabía que algún día, esas mismas personas a quienes sanaba se debilitarían y morirían dejando a sus familias llorando sobre sus tumbas.

¿Qué podía decirle Jesús a esas personas? Lucas nos dice: “Dichosos ustedes los pobres, porque el reino de Dios les pertenece. Dichosos ustedes que ahora pasan hambre, porque serán saciados. Dichosos ustedes que ahora lloran, porque luego habrán de reír. Dichosos ustedes cuando los odien, cuando los discriminen, los insulten y los desprestigien por causa del Hijo del hombre. Alégrense en aquel día y salten de gozo, pues miren que les espera una gran recompensa en el cielo” (Lucas 6:20-23).

Jesús les dice a los que tienen hambre que serán saciados. A aquellos cuyos ojos están hinchados de llorar que reirán. A los que son perseguidos que salten de gozo ahora. ¿Por qué? Por la gran recompensa que recibirán después en el Cielo. ¿Adónde estará el Cielo? En el pasaje paralelo, Jesús dice, “Dichosos los pobres en espíritu, porque el reino de los cielos les pertenece. Dichosos los que lloran, porque serán consolados. Dichosos los humildes, porque recibirán la tierra como herencia” (Mateo 3:3-5). La Tierra es el lugar para el supremo consuelo de Dios, el lugar adonde revertirá las injusticias y tragedias de la vida. Viviremos en el lugar que heredaremos—la tierra. Recibiremos todas las bendiciones que Jesús prometió en el lugar en el que viviremos—la Nueva Tierra.

Dios promete que compensará los desengaños de esta tierra.

Cuando las personas que están sufriendo mucho oyen hablar del cielo, dicen a menudo: “¿Para qué querría un Cielo con estrellas y paz cuando en este momento estoy atravesando un infierno?” ¿Qué les aconsejaría a estas personas?

Este mundo es lo más cercano al cielo que estarán los no creyentes, y es lo más cercano al infierno que estarán los cristianos. La promesa del Cielo, adonde no habrá más dolor ni sufrimiento y adonde Dios enjugará toda lágrima de los ojos (Apocalipsis 21:4), debería ser un gran estímulo para todos los cristianos.

En este momento puede parecer como el infierno, pero no lo es. El infierno nunca termina, mientras que nuestro sufrimiento actual terminará, definitivamente, de una vez y para siempre. Tenemos anticipos del Cielo en este mundo, pero una vez que llegue el verdadero Cielo, al final de esta vida, durará para siempre. Nuestra esperanza como cristianos es ver el presente a la luz del futuro por lo que se nos dice “esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva, en los que habite la justicia” (1 Pedro 3:13).

Dios promete el alivio final del sufrimiento para todos los que acepten en su beneficio su sufrimiento en la cruz. La promesa de una eternidad sin sufrimiento trae una dimensión nueva y completa del sufrimiento. Jesús dijo, “Dichosos los que lloran, porque serán consolados” (Mateo 5:4).

Esta es la perspectiva de Pablo en Romanos 8:18: “Considero que en nada se comparan los sufrimientos actuales con la gloria que habrá de revelarse en nosotros.”

Hay mucho sufrimiento, pero finalmente, es la invitación que Dios nos hace a confiar en Él y a esperar un lugar en el que todo sufrimiento será reemplazado para siempre por el Gozo—el Cielo. En vista de esto necesitamos entender exactamente cómo podemos llegar al cielo.

Si usted es un cristiano que está sufriendo mucho dolor y pérdida, Jesús dice, “Anímense” (Juan 16:33). La nueva morada está casi lista para usted. Está próximo el día de la mudanza. El oscuro invierno está a punto de ser mágicamente transformado en primavera. Un día cercano estará usted en casa—por primera vez. Hasta entonces, lo aliento a que medite en las verdades de la Biblia sobre el Cielo. Que su imaginación se desborde y su corazón se regocije.

Nuestros antepasados vinieron del Edén. Nos dirigimos a una Nueva Tierra. Mientras tanto, vivimos en una Tierra corrompida por el pecado, entre el Edén y la Nueva Tierra, pero nunca debemos olvidar que este no es nuestro estado natural. El pecado, la muerte, el sufrimiento, la guerra y la pobreza no son naturales—son los resultados devastadores de nuestra rebelión contra Dios.

Anhelamos un retorno al paraíso —un mundo perfecto, sin la corrupción del pecado, donde Dios habla con nosotros cuando el día refresca. Debido a que somos seres humanos, deseamos algo tangible y físico, algo que nunca se desvanecerá. Y eso es exactamente lo que Dios nos promete, un hogar que no será destruido, un reino que no se desvanecerá, una ciudad con cimientos inquebrantables, una herencia incorruptible.

Mientras enfrentamos nuestras luchas diarias, el conocimiento de que una Nueva Tierra está por llegar debería darnos confianza y perspectiva. Significa que no sólo hay esperanza sino propósito en nuestro sufrimiento. Significa que aunque la injusticia está muy extendida, no durará. Dios arreglará todas las cosas, recompensando a sus hijos por confiar en Él. Pondrá al derecho a este mundo que está de cabeza y lo colocará bajo el cuidado de sus amados hijos.

Usted mencionó que en el Nuevo Cielo tendremos “cuerpos físicos” como los que tenemos ahora, pero glorificados, que seremos capaces de jugar, comer, trabajar, etc,. pero, ¿cuál es el estado de los cuerpos en el Cielo presente?

A diferencia de Dios y de los ángeles, que son en esencia espíritus (Juan 4:24, Hebreos 1:14), los seres humanos son ambos, espirituales y físicos, por naturaleza (Génesis 2:7). Dios no creó a Adán como un espíritu y lo colocó dentro de un cuerpo. Más bien, primero creó un cuerpo y después sopló un espíritu en dicho cuerpo. Nunca hubo un momento en el que un ser humano existió sin un cuerpo. Los estudios neuro fisiológicos revelan una conexión íntima entre el cuerpo y lo que históricamente ha sido llamado el alma—que incluye la mente, las emociones, la voluntad, la intencionalidad y la capacidad de adorar. Parece que no somos esencialmente espíritus que habitan en cuerpos, sino que esencialmente somos tanto físicos como espirituales. No podemos ser completamente humanos sin ambos, un espíritu y un cuerpo.

Dadas las descripciones físicas consecuentes del Cielo presente y de aquellos que habitan allí, parece posible —aunque esto es ciertamente debatible— que entre nuestra vida terrenal y nuestra resurrección corporal, Dios puede concedernos una forma física que nos permitirá funcionar como seres humanos mientras estemos en ese estado no natural esperando nuestra resurrección. Así como el estado intermedio es un puente entre la vida en la antigua Tierra y la Nueva Tierra, quizás los cuerpos intermedios, o por lo menos una forma física de algún tipo, sirvan como puentes entre nuestros cuerpos actuales y nuestros cuerpos resucitados.

El apóstol Pablo dice, “Mientras tanto suspiramos, anhelando ser revestidos de nuestra morada celestial, porque cuando seamos revestidos, no se nos hallará desnudos. Realmente, vivimos en esta tienda de campaña, suspirando y agobiados, pues no deseamos ser desvestidos sino revestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida” (2 Corintios 5:2-4). Algunos entienden que esto significa que el estado intermedio es un estado incorpóreo de desnudez. Podrían tener razón. Otros, sin embargo, creen que Pablo anhela estar con Cristo (Filipenses 1:21), pero que no espera un estado de platónica desnudez, la que considera repugnante. Por lo tanto, ellos interpretan que Pablo dice que a la hora de la muerte en una morada celestial (ya sea por el Cielo mismo o una forma intermedia o presente) esperaremos nuestra resurrección.

Hay evidencia que sugiere que la segunda opinión podría ser la correcta. Por ejemplo, se describe a los mártires en el Cielo usando ropa (Apocalipsis 6:9-11). Los espíritus incorpóreos no usan ropa. Muchos consideran esta ropa como puramente simbólica: estar cubiertos por la justicia de Cristo. También podría ser ropa verdadera con significado simbólico, al igual que el Arca del Pacto tenía un significado simbólico pero también era un objeto real y físico.

Un artículo fundamental de la fe cristiana es que el Cristo resucitado ahora vive en el Cielo. Se nos dice que su cuerpo resucitado en la Tierra era físico y que ese mismo Jesús físico ascendió al Cielo, del cual un día regresará a la Tierra (Hechos 1:11). Entonces, parece irrefutable decir que por lo menos hay un cuerpo físico en el Cielo presente.

Si el cuerpo de Cristo en el Cielo presente tiene propiedades físicas, es razonable pensar que otros cuerpos puedan tener también formas físicas, aun si son sólo formas temporales. También tiene sentido que otros aspectos del Cielo presente tuvieran propiedades físicas —de manera que, cuando Cristo es visto de pie a la mano derecha de Dios (Hechos 7:56), en realidad está parado en algo. De otra forma tendríamos que concluir que el Cristo resucitado (y por lo tanto encarnado) ha estado flotando por dos mil años en un reino sin sustancia material. (Podría hacerlo, por supuesto, pero, ¿lo hace?) Si sabemos que hay formas físicas en el Cielo (a saber, el cuerpo de Cristo), ¿no podemos asumir también que otras referencias a objetos físicos en el Cielo, incluyendo formas físicas y vestimenta, son literales y no figurativas?

Parece que Enoc y Elías fueron llevados al Cielo en sus cuerpos físicos. “Caminó pues, Enoc con Dios, y desapareció, porque le llevó Dios” (Génesis 5:24, RV60). Aparentemente, el cuerpo de Enoc no fue dejado atrás que fuera enterrado. La Septuaginta lo traduce como que Enoc “no fue encontrado.” Hebreos 11:5 dice que Enoc no murió: “Por la fe Enoc fue traspuesto para no ver muerte, y no fue hallado, porque lo traspuso Dios” (RV60). De igual manera, Elías fue llevado al Cielo sin morir y sin dejar un cuerpo atrás. “Elías subió al cielo en un torbellino . . . [y] Eliseo . . . nunca más le vio” (2 Reyes 2:11-12, RV60).

Dado que ahora por lo menos una, y quizás tres personas, tienen cuerpos en el Cielo, ¿no es posible que a otros también se les pueda dar formas físicas?

Moisés y Elías aparecieron físicamente al lado de Cristo en la Transfiguración (Lucas 9:28-36). Debido a que ya habían ido al Cielo (porque Moisés había muerto y Elías había sido llevado de la Tierra en un torbellino), si las almas en el Cielo presente son incorpóreas, Dios habría tenido que crear cuerpos temporales para ellos cuando bajaron del cielo para estar con Jesús en la montaña. Si es así, ellos hubieran cambiado de ser incorpóreos a físicos y después de la Transfiguración hubieran cambiado a incorpóreos otra vez para esperar la resurrección final.

Una segunda posibilidad es que Moisés y Elías bajaron a la Tierra en los mismos cuerpos temporales que ya tenían en el Cielo. (En el caso de Elías, hasta puede ser que su cuerpo temporal haya sido su cuerpo terrenal original, que nunca murió). Si Moisés y Elías bajaron a la Tierra con los mismos cuerpos temporales que tuvieron en el Cielo, puede que hayan regresado al Cielo tal como estaban. ¿Requirió su reunión con Cristo en la Tierra que se convirtieran en algo diferente, o simplemente implicó que vinieran a algún otro lugar? ¿Fue que estuvieron temporalmente encarnados, o simplemente reubicados temporalmente?

La presencia física de Moisés y Elías en la Transfiguración parece demostrar sin duda alguna que Dios, por lo menos algunas veces, crea cuerpos intermedios para habitar antes de la resurrección.

Creemos que los niños que mueren van directamente al Cielo, al Cielo presente, y que evidentemente irán al Nuevo Cielo en la Nueva Tierra. ¿Continuarán siendo niños? Y si continúan siendo niños, ¿quién cuidará de ellos? ¿Crecerán, o se mantendrán pequeños? ¿Se nos verá a todos de la misma edad en la resurrección?

Si un niño muere a los seis años de edad, ¿representará esa edad en el Cielo? Y el hombre que muere a los ochenta años, ¿representará ochenta años cuando camina en la Nueva Tierra? La gente ha formulado preguntas como estas a través de los siglos.

Isaías 11:6-9 habla de una Tierra donde “El lobo vivirá con el cordero, el leopardo se echará con el cabrito, y juntos andarán el ternero y el cachorro de león, y un niño pequeño los guiará. . . . Jugará el niño de pecho junto a la cueva de la cobra, y el recién destetado meterá la mano en el nido de la víbora. No harán ningún daño ni estrago en todo mi monte santo”.

Debido a que el mayor contexto de Isaías trata del reino eterno de Dios en la Tierra, parece inapropiado restringir este pasaje a un reino de mil años que termina en rebelión y destrucción de seres humanos. El fin del pecado y la justicia completa de todos los habitantes de la Tierra no vendrá hasta la Nueva Tierra. Pero si Isaías 11 está hablando de la Nueva Tierra, como lo hace su pasaje paralelo en Isaías 65, ¿quiénes son los niños pequeños y los niños de pecho que juegan con los animales? ¿Es posible que los niños, después de haber sido resucitados en la Nueva Tierra, se encuentren en el mismo nivel de desarrollo que tenían cuando murieron?

Si es así, se puede suponer que a esos niños se les permitiría crecer en la Nueva Tierra —una infancia que sería envidiable, por no decir más. Se puede presumir, entonces, que los padres y las madres creyentes podrían ver crecer a sus hijos, y es probable que pudieran desempeñar un papel importante en las vidas de ellos mientras crecen. Aunque no está declarado específicamente, y por lo tanto yo estoy especulando, es posible que los padres y las madres cuyos corazones han sido destrozados por la muerte de sus hijos no sólo serán reunidos con ellos, sino que también experimentarán el gozo de verlos crecer . . . en un mundo perfecto.

También es posible que en la Nueva Tierra parezcamos siempre jóvenes. C. S. Lewis en su libro El Gran Divorcio, presenta a los habitantes del Cielo diciendo: “Nadie en el grupo me pareció ser de ninguna edad en particular. Aun en nuestro país uno puede tener vistazos de lo que es siempre ser joven—algo muy pronunciado en el rostro de un niño y como una niñez juguetona en el rostro de un hombre muy anciano.”

En mis novelas sugiero la posibilidad de que en el Cielo veremos a las personas de la forma en que más las recordamos en la tierra. Así que yo veré a mis padres como mayores, y ellos me verán a mí como más joven. Yo veré a mis hijos como más jóvenes y ellos me verán a mí como de más edad. No quiero decir que las formas físicas en realidad cambiarán, sino que el cuerpo de resurrección expresará a la verdadera persona que conocemos, y que nos veremos los unos a los otros a través de ojos diferentes.

La Nueva Tierra será un lugar de ambas, madurez y perfección. Sin tener en cuenta la edad que representaremos, yo creo que nuestros cuerpos demostrarán las cualidades de juventud que Jesús valoró tanto en los niños. Dios podría haber hecho fácilmente una manera en que las personas vinieran al mundo totalmente desarrolladas, no como niños que maduran. Pero no lo hizo. Él puso cualidades especialmente encantadoras en los niños, que nosotros—y Él—disfrutamos. Yo espero que todos tengamos cualidades tales como la curiosidad, el agradecimiento, el anhelo de aprender y explorar, y el afán de escuchar historias y de reunirnos con nuestros seres amados.

Estaremos libres de la maldición, que seca no sólo nuestros cuerpos sino también nuestros espíritus, robándonos mucha de nuestra juventud. Jonathan Edwards declaró: “Los habitantes celestiales . . . permanecen en eterna juventud.” El Cielo estará lleno de niños . . . aun si nos vemos como adultos. Lo que nos encanta de los niños es su gozo, exuberancia, curiosidad, risa y espontaneidad. En el Cielo, ya sea que tengamos o no el tamaño o la apariencia de un niño, todos seremos como niños, de la forma que nos traen gozo a nosotros y a nuestro Padre.

¿Tendrá el Espíritu Santo una función en el Nuevo Cielo? ¿Desaparecerá el Espíritu Santo?

Es claro que, ya que el Espíritu Santo es un miembro de la Trinidad de Dios, estará presente en toda la eternidad desempeñando, sin duda alguna, un papel activo en la creación y entre el pueblo de Dios. Sin embargo, la Biblia no responde específicamente a la pregunta de cuál será su papel exactamente.

Se describe tanto a Dios Padre como a Dios Hijo como reinando en tronos en el cielo. Podemos suponer que el Espíritu Santo estará involucrado en la creación de los nuevos cielos y la Nueva Tierra (Génesis 1:2, Isaías 32:15). Puede que continúe viviendo en los creyentes (Juan 16:7). Él nos dará poder para gobernar sabiamente con Cristo (Deuteronomio 34:9, Jueces 3:10). Probablemente también conmoverá nuestros corazones para que glorifiquemos y adoremos al Padre y al Hijo (Juan 16:14, Apocalipsis 19:1-10). Y, en primer lugar, el Espíritu Santo continuará por siempre con el Padre y el Hijo en la Trinidad de Dios (Génesis 1:26, Hebreos 9:14). Cada vez que adoremos a Dios, en todo lo que hagamos, estaremos alabando al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

Alguien preguntó: ¿A qué iglesia asiste Randy Alcorn, y quién es su Pastor?

Randy asiste a la Good Shepherd Community Church cerca a Gresham, Oregon, de la que hoy es uno de los miembros fundadores. Co-pastoreó con el Pastor Principal, Stu Weber, durante los primeros 14 años de la existencia de la iglesia.

Por último, pero no menos importante, ¿Qué ha experimentado al escribir este libro con un concepto tan revolucionario sobre un asunto casi olvidado por la iglesia? Y, finalmente, ¿Cómo quiere que los demás lo recuerden?

En mi libro In Light of Eternity cuento muchas historias relacionadas con la muerte de mi madre, la muerte de mi amigo más íntimo nueve años después y la muerte de mi padre después. Ha habido muchas personas que significaron mucho para mí y con quienes tuve una relación muy cercana, así como muchas personas de mi congregación cuando estaba en el ministerio pastoral, que enfrentaron situaciones difíciles o de cáncer terminal. Descubrí que hacía muchos servicios fúnebres y pasaba mucho tiempo con personas que estaban muriendo, y de alguna manera mi corazón y mi mente se centraron en qué es lo que realmente sucede al otro lado de la muerte. Y cuando pienso en mis seres queridos que han muerto y en lo que están experimentando en este momento, ¿qué debería pensar acerca del cielo?

Sabía, antes de estudiar sistemáticamente las Escrituras respecto al cielo, que muchas de las ideas comunes sobre el cielo—aun en la comunidad cristiana—son erróneas. Pienso que la mayoría de nosotros estaremos de acuerdo en que mucha gente tiene la idea de que en el cielo se flota en las nubes y se toca arpa por millones de años. Y entonces piensan que después de los primeros miles de años de tocar arpa y flotar en las nubes ¡probablemente se cansarán de hacerlo! Pero las Escrituras lo describen en una forma muy diferente.

Muchas de nuestras ideas erróneas sobre el cielo son mentiras del maligno, que quiere distraer nuestra atención del Cielo. Apocalipsis 13:6 dice del anticristo, “[La bestia] abrió la boca para blasfemar contra Dios, para maldecir su nombre y su morada y a los que viven en el cielo.” Por lo tanto, Satanás trata de difamar al cielo, haciéndonos creer mentiras sobre la morada que Dios está preparando para nosotros.

Aprecio mucho a los numerosos pastores que me han escrito para decir que Dios ha usado esta enseñanza bíblica acerca del Cielo para transformar sus perspectivas. Ahora ellos están enseñando a sus feligreses sobre la próxima resurrección y la Nueva Tierra. Están entusiasmados por el hecho de que Dios nunca se dio por vencido con respecto a su creación original, y que su trabajo de redención no es el de arrebatar nuestros espíritus a un reino angélico para vivir allí por siempre. En realidad, la historia de la redención culminará con la venida de Dios desde el cielo a morar con su pueblo en la Nueva Tierra (Apocalipsis 21:3).

Entre otras cosas, esto les da a los cristianos el sustento para explicar el Cielo cuando están compartiendo su fe. En lugar de una noción vaga de un estado incorpóreo que no tiene atractivo para los no creyentes, pueden decir que Jesús fue a la cruz para ofrecer la redención a todos y para redimir a la creación misma de su estado caído y levantar la maldición de la Tierra. Esto da una mejor idea del trabajo de Cristo, que no está limitado a los espíritus de los individuos sino a un ámbito más amplio.El Cielo

Una de las cosas que más anhelo en el Cielo es reunirme con las personas cuyas vidas y libros me han conmovido. Y reunirme con aquellos que tuvieron un papel especial en mi vida aquí. También anhelo el gozo de encontrarme con la gente de todo el mundo que han escrito maravillosas cartas diciendo cómo Dios tocó sus vidas a través de mis libros. Le doy todo el crédito a Dios por esto, pero casi no puedo esperar a encontrarme con estas personas cara a cara y escuchar sus historias. A menudo pienso qué fantástico será conocer a Abraham, Ruth, David, Ester, José, María, Pablo, y por sobre todo . . . a Jesús. Y a sus fieles seguidores a través de la historia de la iglesia.

En la Tierra quiero ser recordado como uno de los más agradecidos mensajeros de Dios. Quiero que mi vida y mi obra hayan dicho: “Es todo sobre Jesús, no sobre Randy.” No dejaré mucho de herencia a mis hijos y nietos, pero espero dejar ese tipo de patrimonio.

Anhelo decir “Gracias” a las innumerable personas, conocidas y desconocidas, que han orado por mí y me han ministrado. Y espero disfrutar conversaciones muy interesantes mientras saboreo las mejores comidas que haya comido jamás. Y a la cabecera de la mesa estará el anfitrión . . . ¡el Rey Jesús! Y una y otra vez, creo, todos los ojos estarán fijos en Él.

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Randy Alcorn, founder of EPM

Randy Alcorn (@randyalcorn) is the author of over fifty books and the founder and director of Eternal Perspective Ministries