La cantante de la boda y el libro, Extracto de El Cielo para Niños (The wedding singer and the book, Excerpt from Heaven for Kids)

Hace algunos años, algo muy inusual le pasó a una cantante profesional que conozco que se llama Ruthanna. Su historia nos ayuda a entender lo importante que es tener nuestros nombres escritos en el libro de la vida del Cordero.

Ruthanna y su esposo estaban muy entusiasmados porque le habían pedido a ella que cantara en la boda de un hombre muy rico. La fiesta después de la boda tendría lugar en los dos pisos superiores de un rascacielos en la ciudad de Seattle. Los camareros, en trajes de gala, ofrecían exquisita comida y bebidas. La novia y el novio cortaron una cinta al pie de la escalera que llevaba al piso de arriba y subieron, seguidos por sus invitados.

En la parte de arriba de la escalera, había un hombre con un enorme libro abierto delante de sí. Él hablaba con cada persona que estaba a punto de atravesar la puerta. A cada persona le preguntaba: “¿Me podría decir su nombre, por favor?”

A continuación el hombre verificaba que el nombre estuviera en la lista antes de dejar a alguien entrar a la fiesta.

Cuando Ruthanna y su esposo llegaron a la puerta, ella le dio al hombre los nombres de ellos: —Soy Ruthanna Metzgar y él es mi esposo, Roy.

El hombre buscó los nombres que comenzaban con la letra M. —No encuentro su nombre. Por favor, ¿me lo podría deletrear?

Ruthanna le deletreó su nombre lentamente. Después de buscar en el libro, el hombre le dijo: —Lo siento, pero su nombre no está aquí.

—Debe haber algún error —respondió Ruthanna—. Yo soy la cantante. ¡Canté en esta boda!

El hombre respondió: —No importa quién es usted o lo que hizo. Sin su nombre en el libro, usted no puede entrar a la fiesta.

Él le hizo señas a un camarero y dijo: “Acompaña a estas personas al ascensor de servicio, por favor.”

El matrimonio siguió al camarero pasando por el costado de hermosas mesas decoradas y llenas de comida que se veía muy buena. El otro cuarto se estaba llenando con gente muy bien vestida que se estaban divirtiendo mucho.

El camarero guió a Ruthanna y a Roy al ascensor de servicio y presionó el botón E para que los llevara al estacionamiento de vehículos. Encontraron su automóvil y en silencio se alejaron del lugar. Después de algunos minutos, el esposo de Ruthanna le preguntó qué había pasado.

“Cuando llegó la invitación, yo estaba muy ocupada,” respondió Ruthanna. “No me preocupé por mandar la respuesta de que asistiríamos a la fiesta. Además, yo era la cantante. Pensé que no tenía que responder a la invitación para ir a la fiesta.”

Ruthanna comenzó a llorar. En parte fue porque había perdido el banquete más lujoso al que jamás había tenido oportunidad de asistir. Pero en parte fue porque ahora tenía una pequeña idea de lo que un día será para las personas que están de pie delante de Cristo y encuentran que sus nombres no están escritos en el libro de la vida del Cordero.

La invitación de Cristo a su fiesta está registrada en el último capítulo de la Biblia: “El que tenga sed, venga; y el que quiera, tome gratuitamente del agua de la vida” (Apocalipsis 22:17).

Muchas personas han estado demasiado ocupadas para responder a la invitación de Cristo a su fiesta. Algunas piensan que entrarán al Cielo para asistir a la mejor fiesta que jamás se haya dado, sólo porque han tratado de hacer cosas buenas, como ir a la iglesia, haberse bautizado o haber ayudado con los niños pequeños.

Pero las personas que no le dicen sí a la invitación que les hace Cristo de perdonarles sus pecados son personas cuyos nombres no están escritos en el libro de la vida del Cordero. Y si a ti no te dejan entrar al banquete de bodas del Cielo, el único lugar al que irás no será un garaje; será el Infierno.

No habrá ninguna excusa lo suficientemente buena por haberle dicho no a Jesús. Si nuestros nombres no están escritos en el libro, no nos van a dejar entrar.

¿Le has dicho sí a la invitación de Cristo de unirte a él en la fiesta de bodas? ¿Le has pedido a Jesús que te perdone tus pecados para pasar la eternidad con él en su casa? Si lo has hecho, tienes razones para estar feliz —las puertas del Cielo estarán abiertas de par en par para ti.

Si has estado posponiendo tu respuesta a Jesús, ahora sería un buen momento para poner tu confianza en él y decirle sí a su invitación.


Extracto de El Cielo para Niños por Randy Alcorn, Capítulo 10.



The Wedding Singer and the Book

A few years ago something unusual happened to a professional singer I know, named Ruthanna. Her story helps us understand how important it is to have our names written in the Lamb’s Book of Life.

Ruthanna and her husband were excited because she had been asked to sing at the wedding of a very rich man. The party after the wedding was held on the top two floors of the tallest skyscraper in Seattle. Waiters in tuxedos passed out wonderful food and drinks. The bride and groom cut a ribbon at the bottom of the stairs that led up to the top floor. Then they went up the stairs, and their guests followed.

At the top of the stairs stood a man with a big book open in front of him. He spoke with everyone who was about to go through the door. To each person he said, “May I have your name, please?” He would check his book and make sure the name was there before letting anyone in to the party.

When Ruthanna and her husband came to the door, she gave the man their names. “I am Ruthanna Metzgar and this is my husband, Roy.”

He searched the names starting with the letter M. “I’m not finding it. Would you spell it, please?”

Ruthanna spelled her name slowly. After searching the book, the man said, “I’m sorry, but your name isn’t here.”

“There must be some mistake,” Ruthanna replied. “I’m the singer. I sang for this wedding!”

The man answered, “It doesn’t matter who you are or what you did. Without your name in the book, you can’t come to the party.”

He motioned to a waiter and said, “Show these people to the service elevator, please.”

The Metzgars followed the waiter past beautifully decorated tables covered with food that looked really good. The other room was filling up with well-dressed people who were having the time of their lives.

The waiter led Ruthanna and Roy to the service elevator, ushered them in, and pushed G for the parking garage. They found their car. Quietly and sadly, they drove away. After a while Ruthanna’s husband asked her what had happened.

“When the invitation arrived, I was busy,” Ruthanna replied. “I never bothered to send the note back telling them I was coming. Besides, I was the singer. I thought I didn’t have to respond to the invitation to go to the party.”

Ruthanna started to cry. It was partly because she had missed the most amazing dinner party she’d ever had a chance to attend. But it was partly because she now had a little idea of what it will be like someday for people who stand before Christ and find their names are not written in the Lamb’s Book of Life.

Christ’s invitation to his party is recorded in the last chapter of the Bible: “Whoever is thirsty, let him come; and whoever wishes, let him take the free gift of the water of life” (Revelation 22:17, NIV).

Many people have been too busy to respond to Christ’s invitation to his party. Some think they will get into Heaven to attend the greatest party ever just because they have tried to do good things, like going to church, being baptized, or helping with little kids.

But people who do not say yes to Christ’s invitation to forgive their sins are people whose names aren’t written in the Lamb’s Book of Life. And if you aren’t allowed into Heaven’s wedding banquet, the only other place to go won’t be a garage. It will be Hell.

There won’t be any excuse for saying no to Jesus that will be good enough. If our names aren’t written in the book, we’ll be turned away.

Have you said yes to Christ’s invitation to join him at his wedding feast? Have you asked Jesus to forgive your sins so you can spend eternity with him in his house? If so, you have reason to be happy— Heaven’s gates will open wide for you.

If you have been putting off your response to Jesus, now would be a good time to put your trust in him and say yes to his invitation!


Excerpt from Heaven for Kids by Randy Alcorn, Chapter 10.

Randy Alcorn, founder of EPM

Randy Alcorn (@randyalcorn) is the author of over fifty books and the founder and director of Eternal Perspective Ministries