Venciendo la pornografía (Overcoming Pornography)

By Randy Alcorn April 30, 2019

Las imágenes explícitas son mucho más fáciles de obtener hoy que nunca antes. Solía ser que, para adquirir revistas o videos pornográficos, tenías que comprarlos o alquilarlos. Pero ahora, con solo pulsar unos cuantos botones o mover un dedo en una computadora, un portátil o un teléfono celular, cualquiera tiene acceso instantáneo a miles de imágenes y videos pornográficos.

Numerosos estudios han demostrado que la mayoría de los hombres que profesan ser cristianos ven imágenes pornográficas cada semana. Innumerables creyentes viven esclavos a este comportamiento pecaminoso y muchos se sienten sin esperanza de poder superarlo. Estamos en una batalla, una gran batalla, y necesitamos una estrategia para tener la victoria en esta área de tentación sexual. Esta es una batalla espiritual (Ef. 6:12), pero como hijos de Dios, estamos equipados para ganarla (1 Cor. 10:13).

Escoger la obediencia

Las Escrituras dicen que Satanás anda como león rugiente, buscando a quién devorar. Él nos quiere en esclavitud; Cristo quiere que seamos libres para vivir en obediencia. La desobediencia es contagiosa, pero la obediencia también lo es. Cuanto más lo hacemos, más se convierte en un patrón en nuestras vidas.

Debemos de recurrir a los recursos de Cristo que nos han sido otorgados, y depender de Él, mientras nos determinamos a tomar decisiones para eliminar la tentación. Si el acceso a Internet, incluso en un teléfono celular, es una fuente de tentación, entonces tenemos que cortarlo. El acceso a Internet no es un mandato bíblico. Para una persona que accede a sitios pornográficos, tenerlos a solo un clic de distancia es absolutamente absurdo. Es como mantener revistas explícitas en nuestras estanterías, esperando que acudamos a ellas en un momento de debilidad. Si la pureza es opcional para nosotros, nunca la experimentaremos.

En este instante, en los momentos de fortaleza, debemos tomar decisiones que nos sirvan en los momentos de debilidad. Si no cortamos radicalmente las fuentes de las tentaciones que nos persiguen, entonces solo estamos jugando y no tenemos intención de obedecer a Cristo. (Sí, no podemos cortar algunas de estas tentaciones sin volvernos ermitaños, pero sí muchas de ellas). Podemos tomar acciones decisivas al deshacernos de cualquier cosa que nos lleve al pecado en nuestros hogares y lugares de trabajo, incluyendo libros, revistas, anuncios en periódicos, fotos, carteles, películas, televisión y acceso a Internet. No podemos esperar que Dios llame a la compañía de cable y corte nuestro servicio, si eso es lo necesario para evitar la tentación. Ese es nuestro trabajo.

La Escritura dice: “Huye de la inmoralidad sexual” (1 Corintios 6:18). Esto no es una sugerencia, es un mandato. Lo desobedecemos para nuestra propia destrucción. No debemos simplemente alejarnos de la tentación; debemos dar la vuelta y huir de ella. Es una buena idea escribir este versículo y colocarlo donde lo puedas ver: “Aparta mis ojos de mirar la vanidad, y vivifícame en tus caminos” (Salmo 119:37).

Recomiendo encarecidamente que aquellos que luchan con la pornografía se involucren con un grupo de ayuda al que puedan rendir cuentas. En mi experiencia con otros, nadie que intente salirse de esto por sí mismo tiene éxito. Necesitamos al Señor, pero también necesitamos que su pueblo ayude, confronte, pida y esté firme junto a nosotros.

Además, hay muchos libros y recursos de calidad sobre cómo combatir la inmoralidad sexual, y específicamente la pornografía.

Dios está listo y dispuesto a hacer una obra de gracia y eliminar la ceguera, los viejos hábitos y aquellos patrones que nos esclavizan. Él quiere lo mejor para nosotros; el maligno quiere lo peor. Vamos a elegir lo mejor: la vida, no la muerte (Deuteronomio 30:19). Por el poder de Su Espíritu, podemos lograrlo.

Cambiar nuestro comportamiento

Una noche, cuando era pastor de jóvenes, elegí ver pornografía. Me sentí terrible. Le había fallado a mi Señor, a mi esposa, a mi iglesia. Había sido un tonto. Tuve un horrible vistazo de lo que fácilmente podía llegar a ser. Pero la vergüenza no hizo nada para liberarme. Tuve que empezar a pensar —y a elegir— de manera diferente.

Debemos darnos cuenta de que es posible controlar nuestro comportamiento y nuestras decisiones sin importar cuán viles o persistentes sean las tentaciones. Conozco a muchos hombres (y algunas mujeres) que enfrentan la tentación hacia la pornografía, pero ellos constantemente están resistiendo tanto a los pensamientos como a las acciones.

La existencia de un deseo no justifica ni obliga a sucumbir a ese deseo. Vivimos en una sociedad hedonista que nos dice que los deseos deben satisfacerse. Pero no es necesario que todos los deseos se satisfagan, y de hecho, en muchos casos no deberían satisfacerse. No somos animales ciegamente llevados por el deseo. Somos seres humanos, creados a imagen de Dios, con la capacidad de elegir. No somos víctimas. Cada acción es una elección. Cada pecado es una elección. Todo comportamiento correcto es una elección.

Si sentimos que nuestros deseos son tan fuertes que “debemos” mirar pornografía, deberíamos preguntarnos: “¿Seguiría haciendo esto si alguien me apuntara con un arma y prometiera dispararla si lo hago?”. Si la respuesta es no, y por supuesto que lo es, demuestra que no tenemos que tomar esta decisión, sino que simplemente queremos, y por lo tanto la elegimos. (Una vez que estemos en el cielo con Cristo, entonces ya no habrá más pecado ni tentación. Hasta entonces tenemos que enfrentar las tentaciones, pero no tenemos que sucumbir a ellas).

Debemos resistir activamente y negarnos a ceder a los malos deseos y fantasías que se nos lanzan encima. “Por tanto, consideren los miembros de su cuerpo terrenal como muertos a la fornicación, la impureza, las pasiones, los malos deseos y avaricia, que es idolatría” (Colosenses 3:5). Esto no es imposible. Dios no es cruel. Él nunca nos manda que hagamos algo sin darnos el poder en Cristo para obedecerlo. Podemos clamar a Cristo por ese poder.

Con el tiempo es posible redirigir y cambiar nuestros corazones. Jesús dijo que el pecado sexual comienza en el corazón: “Yo les digo que todo el que mire a una mujer para codiciarla ya cometió adulterio con ella en su corazón” (Mateo 5:27-28). Todo mal reside y se cultiva en el corazón, y el comportamiento exterior es el producto de este mal interior. Eso significa que necesitamos un trasplante de corazón, una reprogramación de la mente, un cambio en nuestro ser interior.

Dios dice: “Si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron, ¡ahora han sido hechas nuevas!” (2 Corintios 5:17). Si realmente nos hemos vuelto a Cristo al confesar nuestro pecado y nuestra indignidad, y al confiar en Él plenamente para salvarnos de nuestros pecados, entonces somos una nueva persona. A fin de vivir como una nueva persona, necesitamos meditar y abrazar esta nueva realidad. Los viejos hábitos de pensamientos y acciones pecaminosas tienen patrones implantados. Para romper esos hábitos y establecer nuevos patrones debemos apelar a y cultivar nuestra nueva identidad en Cristo al establecer un nuevo conjunto de hábitos que la refuercen.

Cultivar nuestras vidas internas

1 Pedro 1:13 dice que somos responsables por la forma en que pensamos. Debemos hacernos cargo de nuestras mentes y enfocarlas en lo que es correcto, no en lo incorrecto: “Por tanto, preparen su entendimiento para la acción. Sean sobrios en espíritu, pongan su esperanza completamente en la gracia que se les traerá en la revelación de Jesucristo”. Romanos 12:2 dice: “Y no se adapten a este mundo, sino transfórmense mediante la renovación de su mente”.

¿Cómo renovamos nuestras mentes? Al llenarlas con lo que es correcto y verdadero, especialmente la Palabra de Dios. El Salmo 119:11 dice: “En mi corazón he atesorado tu palabra para no pecar contra ti”.Tenga en cuenta que este versículo dice que el pecado se previene no solo por restringir el cuerpo, sino por entrenar de nuevo el corazón, desde el cual fluyen nuestras acciones.

Las batallas que se libran todos los días en nuestras mentes y en las pantallas de nuestras computadoras tienen un costo espiritual. Si cultivamos nuestras vidas internas, es más probable que experimentemos victorias diarias.

Es difícil eliminar los malos archivos del disco duro de nuestro cerebro, pero podemos restringir la cantidad de malos archivos nuevos. Entonces podemos abrir muchos archivos buenos. Esto es causa y efecto. Cuanto más llenemos nuestras mentes con pureza y menos con impureza, mayor será nuestra pureza y resistencia a la tentación. Podemos edificar nuestra relación con Cristo orando, leyendo la Palabra de Dios y meditando sobre ella, leyendo buenos libros, escuchando las Escrituras y audiolibros y enseñando desde la Palabra de Dios. Necesitamos llenar nuestras vidas con las cosas mejores, aquellas que glorifican a Dios. Entonces, cuando veamos lo satisfactorias que son, será más fácil resistir las cosas que nos tientan y nos destruyen. “En tu presencia hay plenitud de gozo. En Tu diestra hay deleites para siempre” (Salmo 16:11).

A medida que eliminemos la basura y la reemplacemos con lo que honra a Dios, encontraremos que es más fácil obedecer lo que dice Filipenses 4:8: “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo digno, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo honorable, si hay alguna virtud o algo que merece elogio, en esto mediten”.

Cuando decidimos alimentar nuestros deseos de justicia y hacemos morir a nuestros deseos pecaminosos, por la gracia de Dios programaremos nuestras vidas para la justicia. Comenzaremos a pensar y a vivir como las nuevas criaturas que Dios nos ha hecho en Cristo. Podemos experimentar la victoria en la batalla contra la pornografía.

Caminemos en esa victoria y experimentemos la alegría y la libertad de la pureza.


Overcoming Pornography


Choosing Obedience

Explicit images are far more readily available than ever before. It used to be that in order to acquire pornographic magazines or videos, you actually had to purchase or rent them.  But now, with just a few key strokes or moving a fingertip on a computer, laptop, or cell phone, anyone has instant access to thousands of pornographic images and videos.

Numerous studies have shown that a majority of men who profess to be Christians view pornographic images in any given week. Countless believers are in bondage to this sinful behavior and many feel hopeless about being able to overcome it. We’re in a battle—big time—and we need a strategy to have victory in this area of sexual temptation. This is a spiritual battle (Eph. 6:12), but as children of God, we are equipped to win it (1 Cor. 10:13).

In today’s blog, part one of a three part series, we’ll look at the first step of choosing obedience.

Scripture says that Satan goes around like a roaring lion, seeking whom he may devour. He wants us in bondage; Christ wants us free to live in obedience. Disobedience is contagious, but so is obedience. The more we do it, the more it becomes the pattern of our lives.

We must call upon the resources of Christ granted to us, and depend upon Him, while decisively making the choices to remove temptation. If internet access, even on a cell phone, is a source of temptation, then we need to cut it off. Internet access is not a biblical mandate. To a person who goes to pornographic sites, having them just a double click away is utterly foolish. It’s like keeping explicit magazines on our bookshelves, waiting for us to come to them in a weak moment. If purity is optional, we will never experience it.

Right now, in moments of strength, we must make choices that will serve us well in moments of weakness. If we don’t radically cut off the sources of the temptations that pursue us, then we are just playing games, and have no intention of obeying Christ. (Yes, some of these temptations we can’t cut off without being hermits, but many of them we can.) We can take decisive actions by getting rid of anything in our homes and workplace that draw us to sin—including books, magazines, newspaper ads, pictures, posters, movies, TV, and internet access. We can’t expect God to call the cable company and cut off our service, if that’s necessary to avoid temptation. That’s our job.

Scripture says to “Flee from sexual immorality” (1 Cor. 6:18). This is not a suggestion, it’s a command. We disobey it to our own destruction. We must not just walk away from temptation; we must turn and run from it. It’s a good idea to write out this verse and put it where you will see it: “Turn my eyes from worthless things; renew my life according to your Word” (Ps. 119:37).

I highly recommend that those struggling with pornography get involved with a recovery group for accountability. In my experience with others, no one who tries to dig out of this by himself ultimately succeeds. We need the Lord, but we need His people to help and confront and ask and stand with us.
In addition, there are many quality books and resources about battling sexual immorality, and specifically pornography.

God is ready and willing to do a work of grace and cut through the blindness and the old habits and patterns that enslave us. He wants what’s best for us; the evil one wants what’s worst. Let’s choose what’s best: life, not death (Deut. 30:19). Through the power of His Spirit, we can do this.

Changing Our Behavior

One night as a young pastor I chose to view pornography. I felt terrible. I’d failed my Lord, my wife, my church. I’d been a fool. I caught a horrifying glimpse of what I could easily become. But shame did nothing to deliver me. I had to start thinking—and choosing—differently.

We must realize it is possible to control our behavior and choices no matter how vile or persistent the temptations. I know many men (and some women) who face temptation toward pornography, but they consistently resist both the thoughts and the actions.

The existence of a desire does not justify or necessitate succumbing to that desire. We live in a hedonistic society that tells us desires are meant to be fulfilled. But every desire need not be fulfilled, and indeed, in many cases, should not be. We are not animals blindly compelled by desire. We are human beings, created in God’s image, with the capacity to choose. We are not victims. Every action is a choice. Every sin is a choice. Every right behavior is a choice.

If we feel our desires are so strong that we “must” look at pornography, we should ask ourselves the question, “Would I still do this if someone pointed a gun at my head and promised to fire it if I did?” If the answer is no—and of course it is—it demonstrates that we don’t have to make this choice, but merely that we want to and choose to. (Once we’re in Heaven with Christ there will be no more sin or even temptation. Until then we have to face temptations, but we don’t have to succumb to them.)

We must actively resist and refuse to give in to the evil desires and fantasies that push themselves upon us. “Put to death, therefore, whatever belongs to your earthly nature: sexual immorality, impurity, lust, evil desires and greed, which is idolatry” (Col. 3:5). This isn’t impossible. God is not cruel. He never commands us to do something without giving us the power in Christ to obey Him. We can call upon Christ for that power.

It is possible over time to redirect and change our hearts. Jesus said sexual sin begins in the heart—“I tell you that anyone who looks at a woman lustfully has already committed adultery with her in his heart” (Matt. 5:27-28). All evil resides and is cultivated in the heart, and outward behavior is the product of this inner evil. That means that we need a heart transplant, a mind reprogramming, a change in our inner beings.

God says “If any man is in Christ he is a new creation; the old has gone, the new has come!” (2 Cor. 5:17). If we have truly turned to Christ, truly confessed ours sin and utter unworthiness, truly trusted him to save us from our sins, then we are a new person. In order to live like a new person, we need to meditate on and embrace this new reality. The old habits of sinful thought and action have embedded patterns. To break those habits and establish new patterns we must appeal to and cultivate our new identity in Christ, establishing a new set of habits that reinforce it.

Cultivating Our Inner Lives

 1 Peter 1:13 says we are responsible for the way we think. We are to take charge of our minds and focus them on what is right, not wrong: “Therefore, prepare your minds for action; be self-controlled; set your hope fully on the grace to be given you when Jesus Christ is revealed.” Romans 12:2 says, “Do not conform any longer to the pattern of this world, but be transformed by the renewing of your mind.”

How do we renew our minds? By filling them with what’s right and true, especially God’s Word. Psalm 119:11 says “I have hidden your word in my heart that I might not sin against you.” Note this verse says that sin is prevented not simply by restraining the body, but by retraining the heart, from which actions flow.

The battles that are waged every day in our minds and on our computer screens take their spiritual toll.  By cultivating our inner lives, we are more likely to experience daily victories.  

It’s difficult to delete bad files in our brain’s hard drive, but we can restrict the number of new bad files. Then we can open many good files. This is cause and effect. The more we fill our minds with purity and the less with impurity, the greater our purity and resistance to temptation. We can build our relationship with Christ by praying, reading God’s Word and meditating on it, reading great books, listening to Scripture and audio books and teaching from God’s Word. We need to fill our lives with the best things, those that glorify God. Then when we see how satisfying they are, it will be easier to resist the things that tempt and destroy us. “In your presence is fullness of joy. At your right hand are pleasures forevermore” (Ps. 16:11).

As we eliminate the garbage, and replace it with what honors God, we will find it easier to obey Philippians 4:8: “Finally, brothers, whatever is true, whatever is noble, whatever is right, whatever is pure, whatever is lovely, whatever is admirable—if anything is excellent or praiseworthy—think about such things.”

When we choose to feed our righteous desires and starve our unrighteous ones, by God’s grace we will program our lives for righteousness. We will begin to think and live like the new creatures God has made us in Christ. We can experience victory in the war against pornography.

May we walk in that victory and experience the joy and freedom of purity.

 

Photo by Bre Geiger on Unsplash

Randy Alcorn, founder of EPM

Randy Alcorn (@randyalcorn) is the author of fifty-some books and the founder and director of Eternal Perspective Ministries